Para Pedro Sánchez, España es un accidente de la historia

Para Pedro Sánchez, España es un accidente de la historia

Jordi Solé Tura. Diputado comunista. Catalán. Ponente constitucional, dijo “España no es una invención, no es un artificio histórico. Es una realidad forjada por la Historia, que se ha organizado políticamente mal y queremos organizar políticamente mejor. Por eso estamos hablando de autonomías, por eso estamos intentado llegar a una organización política, y hay que terminar con el eufemismo de designar esto con el nombre de «Estado español» Hay que decir las cosas con toda claridad: España no es una realidad uniforme, pero es una realidad, y es tarea de todos hacer que, incluso sus propios símbolos sean reconocidos como tales”.
En el Manifiesto-Programa del Comité de Huelga de la UGT y del PSOE, dirigido “A los obreros y a la opinión pública”, el 12 de agosto de 1917, se termina de este modo: “Aceptamos una misión de sacrificio por el bien de todos, por la salvación del pueblo español, y solicitamos vuestro concurso. ¡Viva España!”. Este grito, “¡Viva España!”, fue lanzado entonces por Largo Caballero y Daniel Anguiano, en nombre de la UGT, y por Besteiro y Saborit, en nombre del PSOE.
Parece poco discutible que el PSOE es ahora mismo un partido dividido en dos mitades con dos visiones distintas de lo que se considera España con una agravante notable: el cabeza de filas que predica que no es lo que hasta ahora, y desde que se fundó, pensaba el PSOE y que asumimos como una idea esencial la inmensa mayoría de los españoles. Y lo peor es la frivolidad, por no decir falta de apoyo intelectual de la cambiante prédica de Pedro Sánchez, quien en apenas unos meses ha tenido una conversión sobrevenida en aspectos esenciales: Cataluña es ahora una nación, cuando apenas poco antes no lo era, y Podemos ya no es un movimiento populista, cuando antes de motejaba de tal, sin que, por cierto, haya cambiado en nada desde que el juicio anterior se formulaba.
Los partidarios de Sánchez, que sin duda son muchos dentro del PSOE, en plena euforia de su triunfo se han lanzado a vestir el santo, con pintorescos análisis con que arropar las nuevas ideas, prendidas con alfileres del antes dicho. “España es una nación de naciones” (culturalmente, se dice ahora) o a darle la vuelta al concepto mismo de nación como si la Ilustración y la Revolución Francesa, o nuestras Cortes de Cádiz, en nuestro caso, no lo hubieran dejado bien sentado.
Resulta asombrosamente ingenuo el discurso de Sánchez para justificar que ahora dice digo donde antes decía diego. Y lo más curioso es que pretenda, al asumir como propias, contra la tradición vertebral del jacobinismo del PSOE (que siempre reposó en un Estado fuerte para alcanzar los objetivos de su programa) una de las reivindicaciones históricas de la derecha mercaderil de Cataluña.Sánchez reconoce a Cataluña como nación, pero no como estado, o eso pretende, como si para el nacionalismo independentista ambas cosas no fueran unidas. Pretende reformar la Constitución (olvidándose del largo proceso y de la propia voz de los españoles para lograrlo) otorgando a Cataluña ese estatus, pero sin cambiar esencialmente nada; es decir, la soberanía seguirá residiendo (como es ahora y debe ser) en el conjunto de la nación española. ¿Y cree que los independentistas van a aceptar eso? Pero aparte de esta ingenuidad en sí misma, cabe preguntarse qué dirán Sánchez y sus seguidores cuando otras comunidades pidan lo mismo. De todos modos, en una nueva finta, Sánchez le dice ahora a Rajoy que en el asunto del referéndum de Cataluña estará al lado de la legalidad. ¿Cómo se casan unas declaraciones con otras?
En lugar de reagruparse para construir un partido sólido, no sólo asistimos a la realidad de un PSOE roto y la peligrosa deriva de sumergirlo en el lago de Podemos, que para muchos socialistas es su verdadero enemigo (en tanto la derecha es el adversario a batir, pero que pese a sus miserias y necesidad de saneamiento, no deja de ser, como hasta ahora, el PSOE, un partido constitucional).
¿En qué cabeza cabe que el modo de recuperar el espacio electoral que le ha birlado Podemos (que ahora ya no es un partido populista, según la conversión de Sánchez) sea aliarse con quien lo ocupa, y no tratando de presentar un proyecto propio y atractivo que rebase el temporal atractivo de los bolivarianos que han prometido soluciones para todo 
Y conviene recordar lo que decía Alfonso Guerra: que a la hora de la verdad, prefería votantes a militantes. El PSOE tiene 188.000. Pero los españoles con derecho a voto somos varios millones. Esa es la cuestión.