La "nación de naciones" del PSOE

La "nación de naciones" del PSOE

Como acaba de anunciarse, las tensiones dentro del PSOE han movido a su dirección a promover un debate interno sobre eso que llaman el “modelo territorial para España”. Si el debate se abre ahora, ¿qué fue lo que se aprobó en su 39 Congreso? ¿O es que aprobaron algo que solamente tenía un nombre, pero sin contenido alguno? ¿Qué clase de debate intelectual sustenta este peliagudo asunto, es decir, aprobar algo sin saber su contenido y, según  vayan las cosas, tratar de darle sentido después? Más bien parece que se han metido en un buen embrollo del que no saben cómo salir.
Ya en su día sorprendió que se hablara de “nación de naciones” o de “Estado plurinacional” sin explicar qué es una nación, qué naciones forman España o cuáles son las características de un estado plurinacional “asimétrico”. Es una situación pintoresca propia de las contradicciones vaivenes de Pedro Sánchez y los suyos, que en menos de un año han sido capaces de afirmar una cosa y la contraria.  Resulta curiosísimo, el lapso en que Sánchez cambió de opinión, que el mismo que decía que nunca pactaría con Podemos (y sin que este partido cambiara en absoluto) el mismo que los motejaba de populistas que llevaban a Venezuela, los pretenda como compañeros de viaje para ver si llegan a la Moncloa. O que el mismo que condenaba la deriva secesionista de Cataluña y se remitía a la Constitución afirmara luego que Cataluña era una nación y en función de ello redefiniera España y se aprestara a proponer la reforma de la Carta Magna en ese sentido.
La dirección del PSOE está dispuesta a abrir un debate interno para detallar en qué modelo territorial se concreta la apuesta de Pedro Sánchez por reconocer la plurinacionalidad de España. “Hemos hecho una formulación y hay que desarrollarla”, dicen. Pero no sabemos cuántas van a ser las naciones, las nacionalidades, las regiones; cuáles serán las asimetrías, ni  los efectos fiscales, las competencias a mantener o ceder por el Estado. O sea, nada. Aprobaron una resolución sin el menor contenido, salvo en anunciado. 
O sea, que quieren llevar al Parlamento para abrir un debate y reformar la Constitución lo que ni ellos mismos habían pensado y fijado. Lo van a hacer ahora. Esta improvisación denota lo lejos que se encuentran Sánchez y sus asesores del sentido de la responsabilidad de quien aspira a ser presidente del Gobierno. Ya en la perpetuación de los disparates posibles hasta José Manuel Franco, el hombre de Sánchez para el PSOE de Madrid, llegue a decir que “Madrid sería una nación en el Estado plurinacional del PSOE”. ¿Qué más da ya? 
Por eso, no se atreven a desvelar cuáles son las naciones a las que pretenden otorgar esa con sideración (salvo Cataluña y Euskadi, como Sánchez ya anticipó), pero ¿el resto qué será? El asunto tiene difícil enfoque: primero un debate dentro del partido y luego, otro congreso para darle contenido a lo que ya está aprobado, sin saber qué se aprobó.
Y con la justificación que de lo que se trata es de resolver ese eufemismo que es el llamado “conflicto territorial”, en realidad para ver si por arte de magia resuelven la pretensión secesionista de una parte de Cataluña, meten al resto de España en un atolladero peligroso, que deja intacto la causa de la causa, pero que genera un efecto. A los separatistas catalanes les trae al pairo que se reforme la Constitución ni que se le reconozca que Cataluña es una nación si realmente no alcanzan la soberanía plena y se constituyen en un Estado independiente.
Y además, Sánchez y los suyos han creado con este frívolo comportamiento una quiebra añadida dentro de su partido, donde en cada federación se proponen modelos, definiciones y salidas diferentes, insólitas para lo que fue el ideario histórico de un partido socialista unido, fuerte y partidario de un estado sólido.
El PSOE de Sánchez inició un viaje a ninguna parte. Ahora quieren ver hacia dónde realmente.