La herencia de Don Juan y el juicio del caso Nóos

La herencia de Don Juan y el juicio del caso Nóos

Diego Torres ha revelado quien era el alto funcionario de la Agencia Tributaria quetutelaba los negocios de Nòos y les aconsejaba sobre asuntos fiscales.Su cuñado Miguel Tejeiroy secretario del tinglado –ahora arrepentido-consultaba periódicamente con Federico Rubio Carvajal, que también realizaba las declaraciones fiscales de los miembros de la Casa Real; consultas que, según explicó, a veces también venían orientadas por el abogado del Rey emérito José Manuel Romero. ¿Por qué a estos no se les llama a declarar como testigos? ¿Qué hace un alto funcionario de Hacienda asesorando a una entidad mercantil privada? Y el mismo Torres, afirma, como argumento de autoridad, que fue el mismo personaje quien aconsejó mantener en Suiza la herencia de Don Juan, resguardada de tributación en España. Todo muy ejemplar, si no delictivo.
A los gallegos no va mucho en esta sucia historia, pues entre los bienes que pulió el pretendiente ahora llamado Juan III se encontraba la isla de Cortegada, en la ría de Arousa, regalada por suscripción popular a Alfonso XIII para que se construyera una casa de verano.
A su fallecimiento, el conde de Barcelona dejó una fortuna de 1.100 millones de pesetas, que incluía 728,75 millones en fondos depositados en cuentas en el extranjero. Y nadie duda que parte de lo obtenido por la venta de la isla regalada por los gallegos forma parte del lote. El rey Don Juan Carlos recibió 375 millones mientras que sus hermanas, las infantas Pilar y Margarita. 131 y 172 millones, respectivamente. Los albaceas recomendaron a los herederos no repatriar el dinero acumulado en el extranjero por cuestión de "imagen”. Seguimos dando ejemplo.
Al tenerse noticia de estos hechos, cinco partidos, PSOE, UPyD, IU, ICV y BNG mostraron su intención de pedir explicaciones al Gobierno.  La Casa Real no está sometida al control del Parlamento y, por eso, todas las preguntas deben dirigirse al ejecutivo. En realidad son tres los filtros cuando se trata de las cosas de la Corona: el de la calificación en la Mesa; el de redacción concreta de su enunciado y el de la respuesta del Gobierno.La serie de iniciativas parlamentarias poco a poco se fueron diluyendo, entre la postura dilatoria del Gobierno y la propia agenda de la realidad social y de los medios, cada día sobresaltada con nuevas noticias sobre la economía, la corrupción y otros temas, como los proyectos secesionistas de Cataluña. Las preguntas formuladas al ejecutivo se acumularon sobre otras anteriores sobre la estancia en el recinto de la Zarzuela y los montes de El Pardo de una amiga del rey y supuesta asesora del Gobierno en asuntos internacionales, a expensas del erario público. Ambos asuntos corrieron la misma suerte. En medio de esta polémica, el presidente Rajoy terció en el asunto para decir: "una gran mayoría de los españoles sigue apoyando la monarquía que "ha sido muy útil y muy provechosa para España”.  ¿Pero tendrá que cumplir la ley, no?
Finalmente, mientras la Casa Real afirmaba tener la convicción de que el impuesto correspondiente a la herencia recibida por Juan Carlos se había liquidado, y ante las dudas generadas porque no aparecían los documentos del pago de los impuestos por su millonaria herencia suiza, el sindicato de Técnicos de Hacienda replicó que los datos tenían que estar registrados en la notaría donde se realizó la escritura de aceptación y en la comunidad autónoma dondese liquidó el impuesto. Según la Casa del Rey el monarca “no tiene cuentas en el extranjero” porque el dinero se gastó en “pagar deudas y obligaciones” de los condes de Barcelona y las cuentas “quedaron a cero” en 1995. 
Pero este episodio volvió a poner de manifiesto la lamentable peripecia del llamado "patrimonio personal" de Alfonso XIII, que en buena medida tanto afecta a los gallegos, especialmente a los vecinos de la ría de Arousa, cuya generosidad fue burlada por don Juan de Borbón y un avispado grupo de leales súbditos compostelanos pretendieron hacer el negocio del siglo.
Lo escandaloso es que le venta de la isla de Cortegada se escrituró en 60 millones de pesetas, cifra realmente ridícula. Los promotores pretendían repetir en Cortegada el fenómeno de A Toxa: se preveía un gran completo de lujo y, eso sí, una residencia privada para el desocupado pretendiente.