¿Han captado los políticos el mensaje de los ciudadanos?

¿Han captado los políticos el mensaje de los ciudadanos?

Parece que fundamentalmente los españoles se decantan por la moderación y los partidos constitucionales. En eso ha quedado manifiestamente claro que están de acuerdo la mayoría. Nadie duda de que el PP y el PSOE merecen el reproche social y hasta la desconfianza por sus errores del pasado y, tanto en uno como en otro caso, por no haber atajado a tiempo la escandalosa corrupción que conllevaron. Pero a pesar del recelo, la desconfianza y hasta la indignación por la política de recortes del Gobierno del PP, los votantes prefirieron asumir este riesgo al de caer en el abismo del neochavismo, pese a la metamorfosis de Podemos, cuyo máximo dirigente se definía un día de un modo y al otro de otro, según el caso.
PP, PSOE y Ciudadanos son partidos constitucionales, y es dentro de ese orden donde hemos de situar, dentro de la Constitución, los cambios y reformas que precisa España, sin lanzarnos al incierto vacío del populismo bolivariano (ayer comunista, hoy socialdemócrata, mañana ya se verá). O sea, que ante la incertidumbre, es claro que millones de ciudadanos prefirieron votar tapándose la nariz porque unos convencían menos que otros y de su propio programa maximalista se desprendía un riesgo evidente para elementos esenciales de nuestra propia convivencia, cuando no la propia existencia de España como nación. Incluso, quienes no son socialistas, se alegran de que, dentro del mal resultado obtenido, el PSOE siga siendo la primera fuerza de la izquierda, porque es un partido necesario a la estabilidad de España, sea en el gobierno o en la oposición. Y también precisa una limpieza a fondo como la derecha de sentinas y cubiertas. Eso nadie la duda.
Es de esperar que todos los partidos hayan captado el mensaje de los electores: primero, su hartazgo, expresado al abstenerse de modo tan significado; segundo, al fijar el techo a los bolivarianos y a sus consocios, contratas y marejadas (salvo en las plazas donde creen que el mensaje populista es un cheque en blanco para sus pretensiones secesionistas), y sobre todo, votando de manera mayoritariamente abrumadora, por la moderación y el sentido común. El voto ha sido diverso, pero el mensaje final unívoco: nada de aventuras, piensen en España y póngase de acuerdo.
Prioridad del Gobierno que venga debe ser reconstruir el tejido social del país, mediante un plan de prioridades de atención preferente a todas las personas que precisan atención urgente en todos los sentidos. Esa parte más débil de la sociedad, gran parte de la cual creyó que el populismo iba a ser la solución requiere una respuesta sin dilaciones, no debe ser defraudada. Quienes tenemos una posición mejor, trabajo y protección hemos de demostrar que por encima de todos egoísmos personales, hemos de dar ejemplo, para arrebatar de las manos del neochavismo la bandera con que hasta ahora se han paseado como los redentores que no son.
Pero, ¿y ahora qué? Pues hay que ponerse de acuerdo. No es fácil y las primeras manifestaciones de los partidos denotan una peligrosa tendencia a repetir las escenas del pasado. No parece fácil ni posible, a tenor de lo que se dice, un gran pacto de Estado al menos entre los partidos constitucionales, donde resisten los recelos personales en unos casos, y en otros los intereses y prejuicios de pose ideológica, al margen de lo que el país precisa. En este escenario, los analistas más imaginativos sugieren una salida inteligente para el PSOE y para que Pedro Sánchez demuestre ser un hombre de Estado, con perspectiva de ser algún día jefe de Gobierno, fogueándose como jefe de la oposición.
Esa fórmula, en la que también podría entrar Ciudadanos, es la siguiente: se permite al PP gobernar absteniéndose, previo pacto que establezca una serie de elementos esenciales en el cambio de rumbo en la política seguida hasta ahora por el PP; la derecha apoya al PSOE en los Ayuntamientos que controla Podemos, para desplazar a éstos de las alcaldías y recuperar el control de ciudades esenciales que refuercen el tejido institucional socialista. De este modo, el partido de Sánchez recupera espacio político y presencia pública. En suma un pacto de legislatura, incluso a plazo, para marcar una nueva política, devolver la confianza de los ciudadanos y la ilusión al país ante los difíciles días que nos esperan.
Y si no, ¿qué?