Los críticos han tratado de evitar que Sánchez se despeñe si se entrega a Podemos

Los críticos han tratado de evitar que Sánchez se despeñe si se entrega a Podemos

Un socialista de verdad, Fernando de los Ríos decía “Se es socialista por la convicción y que el socialismo se fundamenta en el deber moral de poner nuestros medios al servicio de la plenitud humana de los demás”. En esta hora de España, un socialista ético debe asumir que ese deber moral le impone ayudar a una salida razonable a nuestra crisis de Estado, que se fundamente en el interés de los ciudadanos.
Desde estas reflexiones resulta penoso el personalismo de Pedro Sánchez y su empecinamiento en olvidar que, en todo caso, él no es otra cosa que una temporal herramienta de unos ideales que se le suponen, y de un objetivo que justifica, moralmente, la existencia del PSOE a lo largo de la historia. No sólo ha logrado que el PSOE haya perdido sucesivamente el apoyo de sus ciudadanos, sino que parece inclinado a una suicida entente con quien pretende ocupar el espacio que su partido representa.
Olvida o ignora que el enemigo del PSOE es Podemos, que pretende instalarse en el mismo territorio, mediante un “camaleonismo” estratégico como el de proclamarse un partido socialdemócrata (que es lo que se supone que es el Partido Socialista) un día y otro marxista revolucionario otro; apoyar las pretensiones derecha independentista en Cataluña y del nacionalismo radical en el País Vasco. Para el PSOE, es el PP es el adversario a batir, a derrotar en las urnas y superar en la acción de Gobierno. Pero el PP no pretende sustituir al PSOE, sino superarlo; Podemos y sus contratas quieren laminarlo y erigirse en la izquierda hegemónica. ¿No decía Sánchez que nunca pactaría con el populismo?¿Qué han hecho los críticos?, advertirle de que era un suicidio.
¿Militantes o votos? Alfonso Guerra dijo que prefería votos a militantes. El PSOE es esencialmente un partido de cuadros, aunque su apariencia sea otra. La vida orgánica en cuanto a actividad de los militantes es escasa no tiene otra expresión que acudir a rebato a las asambleas cuando la dirección llama a capítulo para evitar que las propuestas de la oposición prosperen.Por eso, resulta curiosa esa invocación a las ignoradas bases, cuando tan poco se las tiene en cuenta en otros casos, como aplicar las resoluciones del partido, sus reglamentos o los propios principios. Sin ir más lejos, cuando el PSOE consagró la proclamación de Felipe VI, no pocas agrupaciones pidieron un debate nacional y recuperar la identidad republicana. Ni caso les hicieron.
Mala suerte hemos tenido todos en esta hora. Como dijo Largo Caballero a veces los dirigentes tienen que decir a las bases lo que éstas no quieren oír. Y Max Weber cuando afirma que un verdadero dirigente debe saber elegir en un momento crítico entre la responsabilidad moral y la ideológica. Había muchas fórmulas, sin otorgar cheques en blanco a la derecha, para sacar al país del atolladero. Este hombre no quiso ni analizarlas. Hará un favor a su partido y a la historia de España si desaparece por el foro.
Conviene recuperar la memoria del posibilismo con que los hombres de mayor peso en la historia del PSOE ejercieron sus responsabilidades.Largo Caballero llegó a pactar con Primo de Rivera, en plena Dictadura, el establecimiento de los “Comités paritarios”, que permitieron establecer una vía de diálogo del movimiento obrero con las patronales y encauzar numerosos conflictos. En interés de España el PSOE entró en los Pactos de la Moncloa y a lo largo de estos años ha pactado a diestro y siniestro, según la ocasión.
Pedro Sánchez ha conducido su partido al borde del abismo, sin asumir sus propias responsabilidades derrota tras derrota, y sin la gallardía de asumirlas. Ahora, adecuadamente jaleado por sus partidarios acusa de traidores a quienes sí asumieron las suyas y le dieron una lección de coherencia, de socialismo, en suma.
El PSOE se ha caracterizado en el pasado por su sentido de la realidad y en recurrir a la fórmula del pacto para avanzar cuando no podía hacerse de otro modo. Y en ese sentido ha pactado, a derecha e izquierda, sin rebasar los límites de la Constitución (cosa improbable con Podemos). Sánchez despreció toda fórmula y opción de desbloquear el estado del país, imponiendo sus condiciones por duras que fueran  para el PP, para salir de este atolladero y prepararse, a dos años vista, para recuperar espacios y ser una alternativa de Gobierno. Algunos lo vieron, ahora enlodan su propia trayectoria y les llaman traidores.