Criticar a Sánchez no te hace de derechas

Criticar a Sánchez no te hace de derechas

Pienso en todos los militantes del PSOE, varios miles sin duda, de personas respetables por principio a quienes quiero suponer un fuerte compromiso ideológico y que conocen la historia y los valores de su partido. Presumo de conocer la historia y los principios en que se fundamenta lo que era, ante todo, un partido de trabajadores manuales e intelectuales, de ahí la “O” de obrero. Los currículos de algunos de sus más destacados dirigentes actuales no cabrían en esa calificación, porque se han desempeñado en cargos o puestos del propio partido, sin haber trabajado de verdad en nada en la vida, y como se supone que saben, para un socialista, la política no es un oficio, sino “una herramienta para cambiar la sociedad”. Pedro Sánchez está donde está no por haber ganado las elecciones o por llegar a un pacto de Estado con los partidos constitucionales, sino con la ortopedia electoral de quien se aseguró por su boca y sus portavoces autorizados que eso nunca se vería. Es más, la última vez que fue candidato, su partido obtuvo los peores resultados de su historia reciente; pero pese a ello, el señor Sánchez ostenta la presidencia del Gobierno en minoría gracias a los votos de Bildu-ETA, Podemos, el PNV y los independentistas de Cataluña.
Conviene recordar que el secretario de organización del PSOE y actual ministro de Fomento José Luis Ábalos, el 22 de enero de 2018 decía lo siguiente: “Los independentistas no pueden ser en ningún caso aliados nuestros, ni para una moción de censura. Nos apremiaron a que fuera antes del 1 de octubre y no encontraron más que nuestro rechazo, porque nosotros no tenemos tal ansia de gobernar a cuenta de la unidad de nuestro país. No es posible presentarse a una moción de censura con esos apoyos”. Pero ya antes, en mayo de 2016, el entonces responsable del programa económico del PSOE, Jordi Sevilla, afirmó que los socialistas no pactarían un gobierno con Podemos fueran cuales fueron los resultados de las elecciones generales del 26 de junio e insistió en varias ocasiones en que la hipótesis de que se conforme un gobierno socialista con los votos de Unidos Podemos "no se va a dar". Por su parte, Pedro Sánchez insistía en que “ni antes, ni durante ni después de las elecciones pactaría con Podemos, porque era un partido populista que conduce a Venezuela”.
Ni Bildu-ETA ni el PNV ni los independentistas han cambiado de enero para acá. Tienen la misma doctrina y persiguen los mismos objetivos y no se paran en barras a la hora de reclamar al gobierno de Sánchez las contrapartidas de su apoyo para conformarlo. Luego el que ha cambiado es el PSOE, sin que nadie se avergüence por ello. Pero lo justifican con malabarismos dialécticos.
Pocos como yo han condenado la endémica corrupción del PP y criticado su extensión tantos años impune, y sus efectos sobre la sociedad española; pero tampoco se puede olvidar la propia lacra del PSOE, que, en su momento, no dejó un solo ámbito sin contaminar. En ese sentido el PSOE no ha tenido nada de ejemplar. De eso puedo hablar porque investigué la de mi ámbito e incluso gané una demanda cuando descubrí la corrupción del gobierno municipal del PSOE de Vigo, allá por los años ochenta. Y, por cierto, de Rajoy he escrito que debería salir por la puerta de atrás de la historia, que es por la que ha entrado Sánchez.
El caso es que cuando yo me limito a recordar estas contradicciones y requiero que el PSOE sea coherente con lo que afirma para luego hacer lo contrario o le demando un comportamiento políticamente ético, conforme se espera del sentido moral en un partido que se dice de izquierdas y dice ostenta la honradez por divisa, recibo alguna respuesta o crítica por parte de alguno del PSOE, donde, en lugar de replicar hechos y argumentos, entiende que criticar a Sánchez o sus actos, sitúa a quien se atreve a hacerlo en la derecha o más allá. Es decir, que no se admite que la crítica pueda venir de otra dirección. Y en este sentido, resulta todo lo contrario. Suelo explicarlo de este modo: mi posición de observador sigue siendo la misma, la de un veterano periodista que estaba en la calle, luchando por las libertades, cuando, como tantos otros, vi aparecer al PSOE dando codazos para colocarse en primera fila de las manifestaciones autorizadas por Suárez. Ahí sigo. Y en este caso me llena de orgullo figurar junto a las vanguardias del movimiento obrero de Vigo en el libro que se dedicó a los luchadores por la libertad, insisto, cuando el PSOE no apareciera por aquí, salvo un par de respetables y aislados militantes que lo eran de UGT ni tampoco le llegara el refuerzo de calidad de los hombres del PSP de Tierno.
En resumen, el señor Sánchez ha llegado a la Moncloa de modo legal, sin duda, pero en contra de lo que sostuvo el PSOE a lo largo de estos últimos años, desde lo que, entre otros ingenuos, yo mismo, tomamos como posición moral de un partido que entiende, como enseñaba don Fernando de los Ríos, el socialismo no puede alcanzar el poder de cualquier modo. Ya hemos visto que no. A lo largo de su vida política ha sido capaz de decir al tiempo una cosa la contraria y hacer todo lo contrario que había prometido. Ahora, en precario, en minoría, hipotecado por los que lo subieron a los Falcon, está tomando o pretende tomar decisiones que pueden ser irreversibles y de peores consecuencias de lo que pudiéramos imaginar.