Los complejos del PSOE y la Constitución

Los complejos del PSOE y la Constitución

Me produce una enorme confusión el hecho de que las personas que conozco del PSOE a las que tengo mayor afecto, respeto y con las que comparto una verdadera amistad estén todas, sin excepción, en contra de la gestora de su partido y son, por lo que se ve, partidarias de Pedro Sánchez. Y no lo entiendo en función de lo que yo mismo pienso del ex secretario general del PSOE y de la deriva final en que incurrió, luego de expresar sobre Podemos la misma opinión que yo mismo tengo para acabar estando a punto de formar un gobierno con los bolivarianos, amigos y admiradores de Maduro. ¿O es que son otra cosa?
Cuando les digo esto a mis amigos y expreso mi sorpresa por su postura y el, para mí, riesgo que para España supuso la extraña alianza que gestó Sánchez con una variada gama de telas ideológicas, algunas fuera de la Constitución, o mejor dicho, amparadas por la propia Constitución que en un caso ignoran, quebrantan, desprecian o simplemente quieren destruir, cuando esto les reprocho, me responden lo que ahora anoto: La culpa no es de Sánchez, sino del punto al que lo condujeron los mismos que lo arrojaron de la dirección del partido. ¿Pero cómo es eso?
Y argumentan por qué si valieron antes los pactos con Podemos y lo que yo llamo sus contratas para –lamentablemente, a mi juicio- entregarle una serie de alcaldías esenciales y otros arreglos diversos en el mapa autonómico, ¿Por qué no valía aplicar el mismo criterio a la gobernación del país, añadiendo a la partida, sin el menos escrúpulo desde la derecha burguesa catalana hasta el independentismo radical o antisistema? ¿Desde luego curioso proceder para un partido que se supone constitucional, e incluso dinástico en el mismo grado que el PP!
El argumento, sin duda tiene peso, en la medida que, según los que censuran a la gestora el método y el modo de laminar a Sánchez, culpan a esa misma gestora de haberle marcado al ex secretario general el camino a seguir hasta su cataclismo. O sea, que no sería plenamente responsable de sus actos, sino del camino que le impusieron quienes lo apartaron cuando quiso tomar una decisión propia, en sintonía y concordancia con la hoja de rutas que le trazaron, pero esta vez para hacerse con el gobierno de la nación y desplazar a la derecha. Yo no lo entiendo. Echarse en los brazos de Podemos hubiera sido, a mi entender, un error de tan graves consecuencias que da escalofríos pensar en sus consecuencias.
Entre los problemas más graves que tiene España yo coloco los primeros los complejos del PSOE, donde ya no impera aquel orden de prioridades que le fijó Fernando de los Ríos: Primero España y los españoles; luego el partido, y luego sus militantes. Este complejo, al carecer de un orden claro de prioridades y apriorismos, a veces puramente semánticos, como “izquierda”, “progresismo”, le impide la perspectiva de pensar en España. Sobre la base de esas prioridades nacionales, otros partidos socialdemócratas de Europa no tienen problema en pactar con otras fuerzas constitucionales cuando es preciso resolver y solventar demandas del país que se sobreponen a la propia ideología. En España no es posible. ¿Cómo se entiende que el PSOE se aviniera a pactar un programa de Gobierno con quienes están o quieren estar fuera de la Constitución? ¿Y por qué se hizo, en cambio en ayuntamientos y autonomías? Pues por lo visto, porque se entendía que en este marco la repercusión era de menos nivel (cosa incierta, como vemos), pero los mismos que alentaron esos pactos le cortaron las alas a Sánchez, cuando quiso ir más allá.
Pero en este panorama no podemos dejar de situar como telón de fondo al gravísima responsabilidad del PP, tanto con sus políticas sociales y de recortes que repercutieron en la vida de millones de ciudadanos menos favorecidos, y su pavorosa corrupción, dos de las causas, a mi entender, del auge del populismo que vino a prometer soluciones y respuestas para todo. Y está la herencia de Zapatero quien, mintió al país sobre la situación real de la economía (sus discursos sobre lo fuerte que era nuestra banca son de antología o dignos del Club de la Comedia), y además de eso, propició el desencadenamiento de la aventura catalana (“Manden lo que sea, que Madrid lo aprobara”. Y lo mandaron) y sobre todo dilapidó alegremente recursos que el país debería haber destinado a otros fines a la espera de lo que se avecinaba.
Y ahí estamos: nunca he visto mayores insultos, expresiones de odio y rechazo como la que exhiben incluso más moderados partidarios de Sánchez, en su personal interpretación de los reglamentos del partido. Pueden que tengan razón en cuanto a que Sánchez no hizo otra cosa que obedecer la línea que le marcaron. Lo que todavía es peor.
El PSOE es un partido necesario a la estabilidad de España, pero ahora es un partido fragmentado en un proceso de reconstrucción. A todos nos interesa que se resitúe donde se supone que debe estar. Su adversario es la derecha, pero su enemigo es el populismo podemita. O lo desplaza de ese espacio y es capaz de reducirlo a lo que el populismo es, un fenómeno coyuntural de amalgamada componente ideológica o no creo que tenga mucho futuro.
Si el PSOE no es capaz de fijar sus prioridades en el sentido que indicaba Fernando de los Ríos será malo para el partido, pero será peor para España.