Barcelona, una ciudad sin ley, donde se protege a los antisistema

Barcelona, una ciudad sin ley, donde se protege a los antisistema

Su Ayuntamiento ha abonado el alquiler y todos los servicios de un local ocupado en el barrio de Gracia, cediendo ante la amenaza de los violentos. Y cuando Ada Colau deja de pagar y estalla el conflicto ésta pide prudencia a los Mossos d´Escuadra, y no a los asaltantes doliéndose de que le hagan esto “los míos”.
Resulta inevitable, dados los últimos acontecimientos vividos y latentes en Barcelona, que más allá del fenómeno “okupa” en el barrio de Gracia y otros se ha convertido en la meca de los antisistema de Europa, recordar durante los años finales del siglo XIX y el primer tercio del XX, esta ciudad albergó al mayor movimiento anarquista de Europa, incluido el pistolerismo propio y el de los empresarios. Y establecer comparaciones. 
Lo de ahora viene a ser peor porque una masa de población sufre no sólo la violencia de los antisistema en sus barrios, sino porque tanto en el gobierno de la ciudad como en la Generalitat y el Parlamento “okupas” y neoarquistas tienen aliados y protectores.
Barcelona es una ciudad sin ley, donde los “manteros” (que venden productos falsificados de fabricación industrial china) se extienden por donde quieren y, pese a la tolerancia municipal, llegan a enfrentarse y agredir a la propia guarda urbana, las pocas veces que ésta interviene para “regular” un poco los mercados callejeros. Incluso, desde el propio Ayuntamiento, se pide a la abogada de un agente agredido que “no solicite la reclusión del sujeto que golpeo a un guardia en la cabeza con una rama, provocándole graves lesiones.
Resulta insólito enterarse de que durante años el Ayuntamiento ha estado abonando el alquiler y el todos los servicios de un local ocupado en el barrio de Gracia; es decir, cediendo ante la amenaza de los violentos en una situación injustificable, cuyos responsables municipales pueden haber incurrido en un delito. Y cuando la actual regidora Ada Colau deja de pagar y estalla el conflicto como consecuencia del intento de desalojo, ésta pide prudencia a los Mossos d´Escuadra, y no a los asaltantes doliéndose de que le hagan esto “los míos”. 
Las personas que viven en el barrio de Gracia se consideran en el más absoluto desamparo. Muchas de ellas buscan cambiarse, pero son gente mayor, que no pueden hacerlo. Cuentan que los ruídos y la música de los locales que frecuentan los “okupas” y antisistema no permiten descansar, pues se extiende gran parte de la noche y madrugada, hasta la hora en que esta chusma se retira y la gente normal sale a trabajar.
Hay un interesante libro del historiador británico Chris Ealham, titulado “La lucha por Barcelona. Clase, cultura y conflicto 1898-1937”, publicado por Alianza Editorial que permite tener una perspectiva de aquella época de violencia, que se desarrolla en Barcelona en pleno proceso expansivo, en la medida que el llamado “Plan Cerdá” fue absorbiendo el hinterland, y llegaron a la ciudad condal grandes masas de campesinos andaluces que buscaban una vida mejor.
Pero aquellos hombres buscaban trabajo, pan y dignidad, pero encontraron unas duras condiciones laborales, caldo de cultivo para que surgiera en su seno un poderoso movimiento anarquista, capaz de generar su propia violencia o responder al de los pistoleros de la patronal. Fue una época de enorme conflictividad social que no la misma República pudo solucionar, puesto como dice Ealham "El problema de los republicanos catalanes era que tenían una confianza ingenua en las leyes para solucionar los problemas sociales".
Y añade que el movimiento anarquista formaba parte de los barrios de la época desde un punto de vista antropológico. El anarquismo era algo propio, un producto de los barrios, y también algo que construyó su identidad. El movimiento anarquista atrapó y encauzó la tradición previa de protesta violenta y directa del pueblo de Barcelona. Muchos se preguntan si ese fenómeno antropológico al que alude Esalham está revivido en los antisistema, los “okupas” y sobre todo la CUP, con sus propios matices. Cuando este conglomerado de grupos aparece en las elecciones autonómicas en 2012, se define como "una organización política asamblearia de alcance nacional, que se extiende en los Países Catalanes y que trabaja por un país independiente, socialista, ecológicamente sostenible, territorialmente equilibrado y desligado de las formas de dominación patriarcales". 
La CUP ha obtenido amplias victorias sobre la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, al conseguir que ambas entidades se retiran de la acusación en juicios por incidentes y disturbios en anteriores protestas sociales (incluidos los disturbios que se vivieron en mayo de 2014 tras el desalojo del centro okupa de Can Vies). 40 violentos, incursos en siete sumarios se beneficiaron de asunto.
¿De parte de quién están las autoridades?