Aplicar la Constitución para evitar el cataclismo en Cataluña

Aplicar la Constitución para evitar el cataclismo en Cataluña

La presencia de un asesino, particularmente cruel en la cumbre independentista de Puigdemont eleva el grado de degradación moral de esa extraña amalgama de aliados que anidan en el seno del movimiento que pretende separar a Cataluña de España, desde la derecha burguesa a los antisistema. Pero que se retraten en público con un tenebroso sujeto que quitó la vida a otro catalán de modo especialmente malvado demuestra que al admitir entre los suyos al terrorista de Terra Lliure Carles Sastre, no hay freno alguno en la deriva hacia el abismo de esta gente.
2017 va a ser un año que figurará en la historia de España entre las fechas de las grandes crisis históricas, con la diferencia de que los actuales gobernantes del Reino han dejado al estado inerme frente a quienes cada día avanzan en su destrucción, desde el propio Parlamento, la calle o las instituciones que fueron creadas a partir de la propia Constitución que se quiere no reformar, sino dinamitar.
Llama la atención que, frente al progresivo avanza del independentismo, cada vez con más audacia y descaro, sin respetar las sentencias del Tribunal Constitucional (de las que realmente se ríen), cada día con nuevas iniciativas dentro de un plan sistematizado, el Estado no reaccione ni haya reaccionado con los instrumentos que tiene a su mano. Por ejemplo, hace tiempo que el gobierno debería haber creado un frente contra el independentismo de manera inteligente; es decir, crear una comisión, grupo de trabajo o gabinete de crisis con un equipo de especialistas que analizara, dispusiera y ejecutara contra medidas frente a cada paso contrario. Pero no, Rajoy espera que las cosas se resuelvan solas y no usa otro arma que los recursos ante el Tribunal Constitucional que, como se ve, no sirven para nada.
Rajoy debería haber convocado un frente de partidos constitucionales que, sobre la base de todo lo que comparten, se alzara como una sólida muralla frente al independentismo. Y sobre todo, hace tiempo que ante la rebelión de Cataluña debería haberse aplicado el artículo 155 de la Constitución y suspender e intervenir aquella autonomía.
Me dirán que era una medida extrema, que iba a producir una conmoción, claro que sí. Pero se hubiera atajado el avance progresivo del independentismo que nos abocará a una crisis todavía mayor si, como sin duda va a ocurrir, Puigdemont lleva a adelante la prevista hoja de ruta.
El artículo 155 y su aplicación
Mariano Rajoy incurre en dejación de su deber y ya tendría que haber promovido la aplicación del artículo 155 de la Constitución y haber suspendido la Autonomía Catalana. ¿A qué se espera, ante el constante desafío de la Generalitat? El choque con el Estado es inevitable y se perdió un tiempo precioso, ante la clara rebelión del Gobierno y el Parlamento de Cataluña. La norma española está inspirada en el texto alemán que otorga al Estado instrumentos para atajar situaciones extremas. Todos los países federales de Europa prevén actuaciones semejantes en los mismos supuestos. Pero el Gobierno no tiene valor ni decisión para defender la Constitución desde la Constitución.
El artículo 155 CE es lo que técnicamente se denomina “mecanismo de control subsidiario, de carácter excepcional o extremo”, que puede imponerse de modo coercitivo con las herramientas de que dispone en el Estado, cuando como ahora ocurre, una autoridad autonómica “incumple obligaciones impuestas por la Constitución o las leyes o en actuaciones de las mismas que atenten gravemente al interés general de España”. Y mientras en Cataluña se desprecian todas las normas que se le aplican, el Gobierno tiene miedo de ejercer sus propias competencias, sin darse cuenta de que será peor cuanto más se tarde en reaccionar. El artículo 155 CE se inspira en la "coerción federal", prevista en el artículo 37 de la Ley Fundamental de Bonn.
Explica el Doctor Bacigalupo que “En otros sistemas federales o Estados de estructura compuesta o compleja, por el contrario, el mecanismo de reacción -extrema o excepcional- de los órganos federales o centrales ante conductas de los Estados federados o entes territoriales subestatales gravemente atentatorias contra la lealtad federal o institucional hacia la Federación o el Estado centra,l consiste en la suspensión o disolución de los órganos de aquéllos (la llamada "intervención o ejecución federal), y no sólo en la posibilidad de adoptar las medidas necesarias para el cumplimiento forzoso de las obligaciones incumplidas, en particular por medio de instrucciones de obligada observancia para los órganos del Estado federado o ente territorial de que se trate, a su vez coercibles por los órganos federales o centrales en caso de resultar desatendidas”
Ciertamente, que estamos ante un caso excepcional ¿Acaso la rebelión de Cataluña no lo es?, pero es tiempo de que el Gobierno y el Senado, donde el PP tiene mayoría se decidan a aplicar el artículo 155. Cierto que en otros países de donde procede la inspiración para este artículo, como el  37 de la Ley Fundamental de Bonn en la República Federal de Alemania, nunca lo han aplicado, porque tampoco nunca se vieron en caso parecido.