Ana Pastor en el 50 aniversario de la Brilat

Ana Pastor en el 50 aniversario de la Brilat

Todos los que asistimos el pasado domingo a la celebración del 50 aniversario de la fundación de la BRILAT disfrutamos de una grata jornada y de un acto emotivo, brillante, bien organizado y sobre el que se apreció el calor y el respaldo del pueblo de Pontevedra. Pero no es menos cierto que a algunos nos ha quedado la duda de si la presencia en este acontecimiento de la segunda autoridad del Estado, tras el presidente del Gobierno, hubiera merecido un tratamiento distinto, por ser de quien se trataba la que no pasó de ser una mera invitada (El Rey no es un poder, sino una institución del Estado)
La fotografía en la que aparece Ana Pastor a la izquierda del general jefe de la Fuerza Terrestre –que presidió los actos- Juan Gómez de Salazar, “rechina” en palabras del ex miembro de la Guardia Real y experto en Protocolo militar Juan Orozco. Todo depende de cómo se quieran interpretar y aplicar, respectivamente, el Real Decreto de Precedencias del Estado (Real Decreto 2099/1983, de 4 de agosto) y el Reglamento de Honores Militares (Real Decreto 684/2010, de 20 de mayo) o cómo se quiera considerar que fue, a tales efectos, el acto del domingo.
La presidenta del Congreso no es cualquier cosa: dirige el órgano del Estado donde radica la soberanía nacional y en el ordenamiento general de precedencias está muy por delante del propio Ministro de Defensa y de todas las autoridades militares. Cierto que dicho ordenamiento dice que los actos los preside la autoridad que los organiza, como principio general; pero también que puede ceder la presidencia y pasar al puesto inmediatamente siguiente.
Se argumenta que por ser un acto estrictamente militar, estuvo bien que lo presidiera el general Gómez de Salazar, y que en este caso, fue correcto que recibiera los honores de su rango y que a la presidenta del Congreso se la tratara como invitada, haciéndole la deferencia, en el vino posterior al acto, de hacer le brindis por el Rey. Es un punto de vista. Pero también se puede interpretar de otro modo. La presidenta del Congreso es una y en el ordenamiento de precedencias está por encima de todos los generales y almirantes de España juntos. El carácter simbólico de su rango requiere ser honrado con una interpretación especial. 
El Ejército no es más que una institución del Estado, sometida, como cualquier otra, al poder civil, al Gobierno y al Parlamento. De ahí que la presencia de la presidenta del Parlamento en un acto como la efemérides de la BRILAT no deba ser despachada, a mi entender como se hizo. Me dirán que todo estuvo correcto por ser un acto estrictamente militar. Pero no estábamos en un cuartel, sino en la calle, y participaba el pueblo, fue un acto cívico-militar con fuerte presencia de la sociedad civil.
Pero vayamos al Reglamento de Honores Militares, el Artículo 16. Honores a autoridades del Estado, dice: “1. A las autoridades civiles que se relacionan en este artículo les serán rendidos los honores militares de arma presentada e himno nacional en versión breve, cuando presidan actos militares y visiten oficialmente unidades de las Fuerzas Armadas. 2. Podrán presidir actos militares, si así se determina, las siguientes autoridades del Estado: a) Los Presidentes del Congreso de los Diputados y del Senado (entre otras).
O sea, que la presidenta del Congreso “podrá presidir actos militares si así se determina”- ¿Quién lo determina? ¿Ella misma puede hacerlo?, ¿El ministro de Defensa, el general jefe de la Fuerza Terrestre? Porque el “se” es voz pasiva no refleja, o sea que no se puede determinar a sí mismo el referido acto.
Y ante la duda, apliquemos el Real Decreto de Precedencias y el sentido común.
En el acto del domingo, luego de la llegada de los generales que lo presidieron, el de la Fuerza Terrestre y el de la BRILAT y los honores de Ordenanza que recibió el primero, se hizo como un tiempo muerto breve para recibir a la presidenta del Parlamento que fue tratada como invitada, simplemente, y colocada en el arengario de la presidencia en la tribuna elevada, encabezando en orden lineal decreciente por su izquierda al resto de las autoridades presentes. Muchos pensamos que había llegado tarde al acto, por lo que no se le iban a rendir honores. Pero no. Luego, en la colocación de autoridades, se aplicó al Real Decreto de Precedencias del Estado a partir de ella, pero no del general anfitrión, quien a mi entender debería haber cedido la derecha a Ana Pastor (o incluso dejarla en el centro, entre los dos generales, el de mayor rango a su izquierda) Y del mismo modo, por ser una alta autoridad del Estado debieron de rendírsele los honores que le corresponde y pasar revista con los dos generales. Hubiera quedado mejor. Hubiera sido un expreso reconocimiento del respeto al Parlamento.
Como simple ciudadano no me agrada ver una foto en la que la presidenta del Congreso es tratada este modo. El protocolo, en su imagen visual, es un lenguaje simbólico: la segunda autoridad del Estado tras el presidente del Gobierno no puede ser tratada de este modo.
¿Habrían hecho lo mismo si al acto hubiera acudido el presidente del Gobierno o el Rey? Claro que no. ¿Por qué esta vez sí? Y me dirán, en el caso del Rey, es el jefe de las Fuerzas Armadas. Sí, simbólicamente; pero la política de Defensa en todos los sentidos, la dirige el Gobierno y se subordina a las decisiones al respecto del Parlamento.
Creo que se hizo un pacto, que todo se acordó y que a Ana Pastor le dio lo mismo. A algunos ciudadanos nos gustaría que tuviera más celo en el cargo que representa.