El 12 de octubre y la patología del odio

El 12 de octubre y la patología del odio

Resulta digno de estudio el fenómeno de la patología del odio que anida en organizaciones como Podemos, algunas de sus contratas, la CUP y otros especímenes del mismo jaez. Y además escogen justamente fechas como el 12 de octubre para manifestarla con más o menos sutileza.El objeto de sus ataques es la historia, los símbolos, las efemérides, es decir, todo lo que los demás respetamos. Claro que la historia de España tiene claros y oscuros; claro que la conquista y colonización está llena de aciertos y errores, de abusos y aciertos. Pero la historia hay que contemplarla, desde luego, con perspectiva crítica para aprender de ella, pero sin complejos.
En ese sentido, la historia de la Humanidad, la crónica diaria del desarrollo de todos los pueblos es en ese sentido semejantes. ¿Han de pedir perdón los romanos por invadirnos? ¡Dios nos libre! Roma es la lengua, el Derecho, la calzada, la civilidad, la ciudadanía y el vino. ¿Exigiremos a suevos, vándalos y alanos, y sobre todo a visigodos por ocuparnos? ¿Tienen cuentas pendientes con nosotros los árabes y sus auxiliares por dominarnos durante 8 siglos?...¡Ah, a nadie se le ocurre eso! Pero nosotros tenemos que hacer una lista de agraviados para pedirlo a todos aquellos a los que sugiere Podemos. Lista interminable, en la que destacan los musulmanes, especialmente los moriscos, y los iberoamericanos.
Y sin rubor se toman conceptos prestados: holocausto, genocidio…Nadie puede negar los abusos y errores cometidos, pero habrá que poner en la misma balanza lo que hubiera de bueno. Que lo hubo.
No deja de ser curioso que el impulso decisivo para la celebración del 12 de octubre viniera precisamente de América, sobre todo de la Argentina. Y ahora que están recientes los bicentenarios de la gesta de la independencia, liderada por españoles de este lado del mundo contra otros españoles venidos de allá. [¿Quién era Bolívar o San Martín? ¿O acaso no replica Miranda a los ingleses que lo tientan: “Nada se habrá de pedirme contra España que no sea en beneficio de mi patria (Venezuela)], digo que ahora que recordamos las batallas de los que querían una nueva nación para su patria frente a los realistas que preferían seguir siendo parte de España, podemos recordar con Pablo Guadarrama que del mismo modo que “en la Europa anterior al siglo XV también se produjeron innumerables procesos de transculturación y en la península ibérica, celtas, romanos y árabes fueron acrisolando junto a otras influencias lo que en América, al menos, se recepcionó en sentido general como cultura española”.
Carlos París señala: “La empresa (colonizadora de España en América) nos parece como algo completamente distinto del mero asentamiento explotador, desatendido de los problemas culturales, que será típico de las colonizaciones ulteriores. Así se produce un magno fenómeno de transculturización. La colonización española traslada a América las instituciones, formas y potencialidades de la primera Europa moderna. A tal hecho responden la pronta creación de universidades, las realizaciones arquitectónicas y urbanísticas enormemente avanzadas, y en que a veces se apuntan motivos de síntesis cultural entre lo europeo  y lo indígena. Toda una voluntad incorporadora de este nuevo mundo, ciertamente proselitista y segura, incluso fanática, pero no desentendida del otro. Lo que hemos definido como “trasculturación”, pues aún sería inadecuado hablar de un diálogo entre culturas”.
Seguimos a Laura García Lea que en un excelente trabajo sobre Pluralismo Legal y Derecho Indígena, nos recuerda que en tiempos pre-hispánicos estos territorios estaban ocupados por pueblos que presentaban una importante diversidad cultural.  “Algunos de esos pueblos intentaron una integración –enseña Laura-, afirmando políticamente su cultura sobre las otras a través de una conquista. El Imperio Incaico en el Perú o el Imperio Azteca en México, trataron de organizar como un solo Estado a diversos pueblos. No lo lograron completamente pues, al llegar los españoles y desafiar el poder aglutinador de esos Imperios, la debilidad de la integración se puso de manifiesto: las diversas etnias que integraban Imperios aprovecharon para  plantear  sus  reivindicaciones  y  muchas  veces apoyaron a los españoles en contra de la autoridad imperial prehispánica, facilitando el triunfo de estos extranjeros porque consideraban también al Imperio como foráneo, en tanto que los habían sojuzgado para hacerlos formar parte de un mundo -quechua, azteca- con el cual no tenían una plena identidad cultural”.
O sea, que no se puede reducir todo a esquemas simplistas sin analizar a fondo todos los elementos que intervinieron en aquel proceso histórico que ha dejado un efecto sin duda positivo en la personalidad nacional de las naciones hispanoamericanas y en el idioma común en que pueden entenderse desde el Río Colorado a la Patagonia.