Hacia la tercera vía

Hacia la tercera vía

Las declaraciones coincidentes de la presidenta de Andalucía, Susana Díaz y de Mario Jiménez, su alter ego en la gestora del PSOE de la que es portavoz en el sentido de que este partido “tiene que volver a ser un partido de gobierno y no limitarse a intentar liderar la izquierda” y definir un nuevo proyecto de socialismo, de centro izquierda para España, suena mucho al intento de levantar una suerte de Tercera Vía al estilo de la que encabezó Tony Blair en Gran Bretaña, o el SPD alemán de Gerard Schroeder, más centradas que escoradas a la izquierda, más reformistas que progresistas y más pendientes del desarrollo económico que del social. Las experiencias de estas ‘’terceras vías’, tras un comienzo exitoso en circunstancias económicas favorables, acabaron en gobiernos conservadores con laboristas y socialdemócratas en crisis y con renovación en sus liderazgos que han vuelto a poner el acento ideológico en la izquierda, aunque tampoco así han logrado hacer sombra a los partidos conservadores. 
El PSOE quiere volver a ser, según Susana Díaz, un partido de mayorías y recuperar al votante que le ha abandonado y establecer un “proyecto autónomo de la derecha y autónomo también de Podemos". Pero esta es una reflexión que va de suyo y que no habría sido tan explícita si Pedro Sánchez no hubiera manifestado que el PSOE debía trabajar mano con mano con Podemos. Un hecho que se da con los acuerdos entre los partidos de izquierda en multitud de ayuntamientos y en la comunidades en las que los barones nuevamente ‘oficialistas’ gobiernan con apoyo tácito o expreso de Podemos. 
Si en la definición del proyecto político que quiere realizar el PSOE antes de llegar al congreso que ha de celebrarse el próximo año, no se posiciona como un partido claramente de izquierdas correrá el peligro de que los electores, antes que apoyar a otro partido reformista prefiera los originales –PP y Ciudadanos-, y no logrará hacer olvidar que fue Rodríguez Zapatero quien comenzó a aplicar las medidas de austeridad y otras reformas típicamente neoconservadoras, y por tanto le va a costar mucho trabajo recuperar el Gobierno sin el apoyo de Podemos, que aunque ha bajado en el respaldo popular, su aportación en número de escaños es más del doble que la del nuevo partido liberal, con el que Susana Díaz se siente cómoda en Andalucía, y ha sido precisamente el surgimiento de este partido a su izquierda la causa directa de sus peores resultados electorales en cuarenta años.  
Cuando Susana Díaz afirma que los ciudadanos lo que quieren es “que se arreglen sus problemas” está también en el camino del pragmatismo propio de la Tercera Vía y de la dialéctica del “gato blanco o gato negro lo importante es que cace ratones” que le ha debido enseñar su mentor Felipe González, a pesar de que el color con el que se aplican las políticas tiene una incidencia muy relevante sobre sus resultados, 
Sin duda, la última intervención pública de Pedro Sánchez, con errores de bulto difíciles de entender incluso para sus seguidores, ha dejado el camino expedito a Susana Díaz para que maneje la crisis con el PSC en el sentido que le pueda resultar más favorable para sus intereses sea o no candidata a dirigir el PSOE, y para dilatar la celebración del congreso y cercenar el proyecto del último secretario general, ya bastante dañado.