Otegi en la calle

Otegi en la calle

La salida de prisión de Arnaldo Otegi, tras cumplir condena por intentar reorganizar Batasuna cuando todavía se consideraba la rama política de ETA, plantea una cuestión de carácter político-organizativo en la izquierda abertzale y otra de carácter jurídico-electoral. El próximo sábado en el velódromo de Anoeta explicará cuál es su visión de la situación política vasca, de las relaciones con ETA y de las posibilidades del independentismo sin que todavía se hayan resuelto “las consecuencias del conflicto”, relacionadas con el desarme total de ETA, la situación de los presos y el reconocimiento del daño causado a las víctimas.
En todas esas cuestiones la izquierda abertzale ha ido dando pasos, a veces muy cortos, siempre insuficientes, para romper la equidistancia entre víctimas y victimarios, pero cada vez más nítidos en un proceso de ruptura con ETA que comenzó tras el atentado de la T-4 de Madrid que puso fin a las conversaciones de paz iniciadas por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, y que derivaron en una mayor presión sobre la banda terrorista que acabó decretando el alto el fuego unilateral en octubre de 2011.
El distanciamiento entre la izquierda abertzale y ETA ha llegado hasta el punto de que los primeros han pedido a los terroristas presos que se acojan a las medidas de reinserción previstas en la leyes y cumplan todas sus condiciones, una cuestión que levanta ampollas entre los familiares y aquellos a los que les cuesta aceptar que el tiempo de ETA se ha terminado y que la lucha armada no va a volver.
Arnaldo Otegi recupera la libertad en un escenario político muy distinto al que dejó cuando entró en prisión, por cuanto ahora está llamado a liderar un partido legal con representación en los parlamentos de Madrid, Vitoria y Pamplona, pero que ha dejado de ser el único referente de la izquierda, por el surgimiento de otro partido, Podemos, que no solo le disputa el espacio ideológico, sino que ya les ha ganado en las elecciones generales con su programa social y su propuesta del derecho de autodeterminación, mientras que en el ámbito del nacionalismo el PNV sigue promoviendo una reforma estatutaria con encaje legal alejada del desafío catalán –un ejemplo a seguir para Otegi-, síntoma de que a la vacuna que supuso el fracaso del plan Ibarretxe todavía le duran sus efec