Piolín, Silvestre y otros patinazos de un Gobierno que lo hace bien

Piolín, Silvestre y otros patinazos de un Gobierno que lo hace bien

Mi posición personal, para lo que valga, y ante la que nos viene en Cataluña, sea lo que sea lo que nos venga, es que ahora toca apoyar al Gobierno legítimamente constituido por la fuerza de los votos y respaldado, todo lo críticamente que se quiera, por dos de los tres principales grupos de la oposición, es decir, por no menos de veinte millones de sufragios. De la misma manera, debo expresar, también desde mi humilde posición, mi reconocimiento a la labor que desempeñan el ministro del Interior, el de Hacienda y el fiscal general del Estado, por más que en numerosas ocasiones haya expresado mis reparos a algunas, o bastantes, de sus actuaciones.
Sé perfectamente quién es el principal responsable del dislate al que nos enfrentamos: el molt honorable Puigdemont y la camarilla absurda de la que se rodea, así como algunos de sus antecesores. Nada, pues, de equidistancias, en plan algo hemos hecho mal todos. Eso se lo dejo a Podemos, que está rizando el rizo del error en la táctica y la estrategia política, lo digo como lo pienso: es un partido necesario para canalizar tantos millones de descontentos, legítimos y justificados, pero está dilapidando ese capital no dándose cuenta de que el secesionismo catalán no es una cuestión de derechas e izquierdas, y que los más de sus votantes en el resto de España están en contra de ese 'procés' independentista, así de claro y nítido.
Todo esto lo digo para que algunos de los muchos intransigentes que se escudan en el anonimato de las redes, o en los nombres y apellidos del fanatismo, no vayan a tomar las críticas razonadas y razonables por complicidades o maniobras con las que por supuesto no me alineo. Pero soy periodista y, como tal, me obligo a ser implacable. Y me disgustan, por ello, algunas actitudes de gentes empujadas a una batalla inexistente, como aquellos que gritan 'a por ellos' a los guardias civiles que salen a cumplir con su deber de garantizar el orden en Cataluña. ¿A por ellos? ¿A por quiénes? Me temo que desde ciertas instancias, desde ciertos medios, estemos ofreciendo a no poca gente la impresión de que nos hallamos en una batalla, ante una conquista en territorio infiel. O de que esto es un juego frívolo, y por eso enviamos barcos con las imágenes de Piolín y Silvestre en los costados, que menudas risas que eso ha provocado y no solo en ámbitos portuarios.
Que no, que no estamos en una guerra contra Cataluña, por mucho que algunos próceres catalanes lo quisieran y acaso hasta lo provoquen. Que sí, que debemos reconocer que no siempre hemos sabido hacernos simpáticos, los de 'Madrit', en Cataluña, y por supuesto que no me refiero (solamente) a este Gobierno que preside Mariano Rajoy, que tampoco es que tire cohetes por estos pagos. Miren ustedes, si no, el cabreo de mis colegas extranjeros, a quienes La Moncloa hace tanto caso como, por ejemplo, a mí mismo: nada. Al menos, nada positivo. No sé si la cosa tendrá remedio antes del 'choque de trenes' -o lo que resulte de los sucesos imprevisibles para todos del doming- pero, desde luego, sé que tendrá que tenerlo después. Porque, si no, nada de esto, tan absurdo, habrá servido para nada.