La escalada a La Moncloa

La escalada a La Moncloa

Las noticias sobrevolaban como drones sobre las cabezas de la ciudadanía: nada de lo que el miércoles parecía asentado, cuando el PP sacaba adelante los Presupuestos, valía ya el jueves, todo se derrumbaba en torno a Rajoy el viernes y una sonrisa de esperanza se cernía sobre el inquilino del principal despacho en la calle Ferraz el sábado. Menuda semana hemos pasado.
Los ni siquiera tan veteranos del lugar ya conocíamos el panorama: regresábamos a 2016, aquel año turbulento que comenzó con un intento de asalto de Pedro Sánchez a La Moncloa, de la mano de un Podemos equivocado, y acaso pensando en un 'Gobierno Frankenstein' apoyado por el nacionalismo/secesionismo catalán, el PNV, quizá los de Bildu. Aquello no pudo ser. Me parece que esta 'segunda edición' del asalto al Kilimanjaro/Moncloa no va a poder ser tampoco. Pero este nuevo fracaso requerirá esta vez, al contrario que el primero, que le consolidó en la presidencia del Gobierno, la cabeza política de Rajoy.
Pedro Sánchez salía el viernes a explicar a los periodistas lo que ya se venteaba desde la mañana del jueves: tras la difusión de la sentencia del 'caso Gürtel' (parte I), que era un durísimo varapalo para el PP y para Rajoy, el PSOE decidía pasar del apoyo transitorio a la política del Gobierno a la moción de censura. Hace menos de un año, Pedro Sánchez pasó del 'no es no y no' a cuanto representaba Rajoy a ese apoyo transitorio; ahora, de nuevo los socialistas giran sus cañones contra el presidente del PP, que hoy es posiblemente el hombre más atribulado del mundo. Y con razón: sus sueños continuistas se derrumbaron en una hora, la que transcurrió de la entrevista satisfecha el jueves por la mañana en la radio de Carlos Herrera al cataclismo de la divulgación de la 'sentencia Gürtel'.
Ahora bien, ¿cómo va a lograr Sánchez que su moción prospere? No nos lo dijo. ¿Con quién? Tampoco. ¿Cuál es el programa con el que Sánchez va a presentarse como candidato a la presidencia del Gobierno de la décima nación más potente del mundo? Silencio sobre eso. ¿Convocaría, si saca adelante su moción, a continuación elecciones generales? No fijó fechas. Solo 'moción, moción y moción' como antes fue 'no, no y no' y luego 'apoyo, apoyo, apoyo'.
Y después, la gran algarada: Ciudadanos pidiendo elecciones ya -Rajoy no podría convocarlas, aunque quisiera, mientras la moción de Sánchez esté pendiente sobre su cabeza cual espada de Damocles-; Podemos adhiriéndose con entusiasmo a lo que sea, también con la espada de Galapagar sobre las cabezas no solo de Pablo Iglesias e Irene Montero, sino de toda la militancia 'morada'; el PNV, que una vez más es clave, haciendo cálculos sobre si mantener el apoyo a un Rajoy que ya está casi descontado o dejarlo caer; el PDeCat y Esquerra, haciendo cábalas sobre cuánto y hasta qué punto les aprovecha el caos que se percibe 'en Madrid'. Y los del PP, qué quieren que les diga: confiando, qué remedio, en esa tranquilidad que, por primera vez, no acompañó a Rajoy en su comparecencia ante las cámaras el viernes tras un Consejo de Ministros que debió ser de aúpa. Pero sabiendo, ese mismo PP situado en 'prietas las filas', que Rajoy no tiene otro remedio que ir meditando en su propio relevo, en poner el partido en manos de otro, de Núñez Feijóo, a quien casi todos quieren, de Soraya Sáenz de Santamaría, a la que no todos aprecian, de quien sea.
La moción socialista, a la vista de la tormenta, tiene más posibilidades de fracasar que de triunfar: necesita que se coordinen muchos elementos, muchos intereses, para salir adelante. Me gustaría escuchar a Pedro Sánchez una elaboración más completa de sus planes, más allá de llegar a la cima de la Cuesta de las Perdices. Esto no puede desembocar en ese 'Gobierno de Pancho Villa' que tanto gustaría al Fugado de Berlín. Ni en un forzado continuismo que agradaría, por el momento, a los 'populares'. Tendrá, sí, que llegarse a unas elecciones, a no mucho tardar, qué remedio; es lo que dice Albert Rivera, el otro hombre que se ve con posibilidades de llegar, por caminos diferentes a los de Sánchez (Pedro, no Marta), a La Moncloa.
Y ellos, Rivera y Sánchez, Sánchez y Rivera, los dos personajes que se sienten llamados a ocupar (que no okupar) 'el sillón', habrán de pactar un Gobierno de centro-izquierda, para evitar que sean otros, los aventureros, los que intenten el asalto, y esta vez no se trata precisamente de un chalet, sino de un palacio presidencial. ¿Serán capaces ellos, los dos, de llevar a buen puerto este barco desmandado? Menudos días de agitación, ay, nos esperan.