El 'hombre tranquilo', acorralado

El 'hombre tranquilo', acorralado

Las versiones que llegan a los periodistas sobre el almuerzo mantenido este lunes por Mariano Rajoy con sus 'barones' territoriales son, al menos, algo decepcionantes. El presidente del Gobierno y del Partido Popular es un especialista en rodear, sin entrar a tratarlos a fondo, los temas más espinosos para él, para su partido y para su Ejecutivo. Y, así, aseguran que ni siquiera se citó el nombre de Albert Rivera, que es hoy la pesadilla de los 'populares'; ni se entró siquiera a considerar, más allá de los desmentidos despectivos, la ofensiva de 'vendetta' de alguien como Francisco Granados contra dirigentes pretéritos -y actuales- del partido, como Esperanza Aguirre y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. Pues nada: se habló de financiación autonómica, sin llegar tampoco a más soluciones que las críticas planteadas por algún 'barón' al ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y se habló también de un 'pacto territorial del agua', cuestión sin duda no baladí, pero no sé si la más prioritaria en estos momentos políticamente tan angustiosos.
Rajoy trata a toda costa -y creo que hace bien- de mantener ese perfil de lord británico paseando flemáticamente por Bond Street. No hay nada que parezca alterarle. Pero en verdad es un hombre acorralado, aunque siempre dé la impresión de que sabe salir -y lo ha hecho ya tres veces- del cerco. No sé cuánto tiempo más se podrá mantener la ficción de que no pasa nada: mientras discurría el almuerzo (dicen que bastante plácido, pese a los aguijonazos del castellano-leonés Herrera) con los líderes territoriales, las redes sociales hervían de indignación tras las declaraciones ante la Audiencia Nacional, a petición propia, del ex dirigente 'popular' madrileño, paradigma de la corrupción política en la capital, Francisco Granados. Casi todos los ex responsables del PP en la Comunidad madrileña participaron, según la versión -sin pruebas, claro- de Granados, en la financiación irregular del partido y se beneficiaron en sus bolsillos particulares de la misma. Y lo peor: también la actual presidenta de la CAM, Cristina Cifuentes, que ya ha anunciado una querella por falsedad, se vio involucrada en las declaraciones de Granados, que, glub, regresará ante el juez García Castellón el próximo día 20. Rumores mil, claro, sobre qué otros nombres -que andan de boca en boca- podrían ser mencionados por el ex consejero de Presidencia de la CAM.
No sé si para alivio de los reunidos en el almuerzo, al tiempo se producía un pequeño escándalo -que algunos tratan, claro, de magnificar- por la retractación ante el tribunal de uno de los máximos responsables de los ERE andaluces, el ex director de Trabajo de la Junta Francisco Javier Guerrero, exculpando ahora al ex presidente andaluz Chaves. Y, quizá para mayor inri, o acaso para alborozarse por el desvío de la atención pública, el 'caso catalán' daba alguna nueva vuelta de tuerca vaya usted a saber hacia dónde, hacia la nada probablemente. Pero sigue siendo el mayor quebradero de cabeza político para el impasible acorralado, que no puede controlar la situación simplemente acudiendo al 'brazo secular togado', que me parece que le está dando, con su rigor, más disgustos que satisfacciones.
No sé qué tiene que pasar para que Mariano Rajoy se lance de verdad al ruedo, en lugar de parar, mandar y templar... desde la barrera. O desde Bond Street, ya digo. Evitar citar a Ciudadanos en los almuerzos domésticos, como si fuese un Bárcenas de muy otras dimensiones, no eliminará la formidable amenaza electoral que supone el partido naranja emergente, que ve, además, cómo muchos acuden ahora en socorro del presunto vencedor. Mientas, claro, otros muchos, o los mismos, apuñalan al presunto perdedor, que no está sabiendo reaccionar adecuadamente: solo en el PSOE superan en mala comunicación al Gobierno central y al partido que lo sustenta. Pero, claro, Pedro Sánchez está lejos de los focos de los tiradores y, en cambio, a Rajoy le iluminan todos los reflectores a modo de interrogatorio policial.
Desde luego, creo que no va a bastar con el ajetreo tratando de aplazar renovaciones en los medios públicos, o en el propio elenco ministerial. O avivando polémicas como la de la prisión permanente revisable. O azuzando proyectos de ley benéficos. Lo voy a repetir: pero ¿qué tiene que pasar para que Rajoy, capote en mano, salga de una vez al centro del ruedo y, mirando al respetable, nos brinde la faena que no le va a quedar más remedio que lidiar todo lo brillantemente que pueda? Porque esto no da más de sí, así.