El Gobierno fuerte que necesitamos

El Gobierno fuerte que necesitamos

Inútil seguir pretendiendo que no pasa nada. Que la normalidad impera. Cuando alguien que ya bordea lo patético, como Carles Puigdemont, llena una sala en la neutral Suiza para decir más o menos que Franco sigue vigente en España y nadie le da la réplica -el mejor desprecio sí es hacer aprecio--, la verdad, me sorprende. Como me sorprende el silencio del Gobierno y de la oposición ante lo que está ocurriendo, en general, en Cataluña.
España sale a la calle por algo. Porque -interpreto yo- tiene la sensación de que sus asuntos se resuelven tarde, mal y con desgana. Mariano Rajoy viaja a mítines propios, y no se acerca ni por casualidad a las fuentes del conflicto, llámense pensionistas o Cataluña: siempre está confortablemente arropado y tentado, según me dicen algunos, de ver cómo podría perpetuarse casi `a lo Putin`, aunque, eso sí, con elecciones democráticas y sin arrasar cuanto huela a oposición, faltaría más, que no caeré yo en comparaciones odiosas e injustas.
Estuve este domingo en la clausura de la `escuela de buen Gobierno` del PSOE, y allí Pedro Sánchez, cuya voz ha pasado casi inadvertida, casi nada dijo sobre el principal problema que nos aqueja; es fácil pedir aumento de las pensiones cuando no se gobierna, pero aportar ideas para solventar las arenas movedizas en las que se halla una de las autonomías más importantes de España, es ya otra cosa. Y tampoco es que Rajoy ande muy locuaz al respecto. A Rivera le vemos encabezando manifestaciones de la Sociedad Civil, pero lo que se requiere, además, es otra cosa. Y de Podemos, embarrancado en sus asuntos propios, ya ni hablemos.
Sigo sin comprender cómo es posible que los tres principales líderes políticos de este país, o sea, el propio Rajoy, Sánchez y Rivera, no hayan mantenido una comparecencia conjunta a las puertas de La Moncloa -o donde fuere- para asegurar su unidad ante los retos que se nos plantean a los españoles, comenzando, claro, por Cataluña. Se está dejando pudrir una situación, y esto es peligroso, muy peligroso, para ambas orillas del Ebro, por mucho que el presidente del Gobierno central piense que dejar que las situaciones se deterioren al máximo es un buen primer paso para resolverlas.
Pues no; no se piensa en unidad, sino en elecciones, como dejó muy claro Pedro Sánchez en el ya mentado acto de este domingo. Se piensa en tácticas, y no en programas. En ocurrencias, y no en proyectos. En falsos debates parlamentarios, y no en una vida constructiva en el Legislativo. El mundo se vuelve bipolar -Putin, Trump y, en medio, Europa- y, por eso mismo, el Gobierno español tiene que adquirir nuevo predicamento en la Unión Europea, esa que firma manifiestos suscritos por Merkel y Macron contra las `injerencias` rusas y obvia la rúbrica de Rajoy, sin duda también afectado por tales injerencias. No puede permitir este Ejecutivo que unos sedicentes autoexiliados sigan desprestigiando la democracia española. Todo eso requiere una acción común mucho antes que prepararse para las elecciones.