Un Gobierno desgastado, que exige algún retoque

Un Gobierno desgastado, que exige algún retoque

Son muchas las voces que piden a Rajoy que, aprovechando el posible -no sé si siquiera probable- paso de Luis de Guindos a la vicepresidencia del Banco Central Europeo, se aplique a hacer una crisis de Gobierno. Hay ministros sin duda desgastados por el peso excesivo que ha supuesto gobernar estos años duros -y, encima, ahora gobernar también en Cataluña--. Pero, por encima de eso, existe la impresión de que la sociedad pide al presidente del Gobierno central que salga de su aparente ensimismamiento, o llámele usted inmovilidad. Que, ya digo, puede que sea solo aparente, pero que así es percibida por la opinión pública. Y, si no, mire usted la encuesta del CIS, para lo que valga.
Rajoy es un resistente, al que yo le otorgo indudables valores, aunque confieso que sus 'tempos' a veces me desesperan. Pero mucha gente cree ya que seguir aguardando a que los problemas en general, y el de Cataluña en particular, se pudran, nos mantiene en la profunda crisis política y de valores en la que vivimos. Cierto que Rajoy, tan tarde como a finales de octubre, fue capaz de dar un puñetazo sobre la mesa, aferrarse al 155 de la Constitución, disolver el Parlament, convocar elecciones y aguantar, hasta hoy, mes y medio después de los comicios catalanes, ejerciendo la presidencia de una Generalitat que sospecho que no ha pisado en su vida, o casi. Pero el caso es que, tras ese puñetazo sobre la mesa, la popularidad personal de Rajoy y la intención de voto al PP no mejoran, sino todo lo contrario.
Sé que hacer cambios es difícil. Y arriesgado. Pero ahora puede serlo aún más no hacerlos. Es obvio que hay ministros, incluso de valía, que están abrasados. No podría ser de otro modo, por ejemplo en Interior, habiendo ocurrido todo lo que ha ocurrido, y está ocurriendo, en Cataluña: ha habido errores, y convendría reconocerlo. Como los ha habido en Justicia, por ejemplo. Y en la configuración del propio organigrama del Ejecutivo: no puede ser que el meritorio ministro portavoz acumule a este ya agotador cargo el de titular de la cartera nada menos que de Educación, y no sé ya cuántas 'consellerías' en el Govern catalán. Eso va contra la eficacia del mundo educativo, que es cuestión no baladí, precisamente. Un país con un ministro de Educación 'part time' evidencia alguna disfunción seria.
Podría hacerse un recuento, cartera por cartera, sobre cómo va el Gobierno en su andadura. Le dije hace unos días a la titular de Defensa que el Ejecutivo parecía, lo dicen muchos titulares de prensa, como paralizado. Me lo rebatió, como no podía ser de otro modo, citando muchos ejemplos, entre ellos la última aprobación de los Presupuestos. Lo cierto es que, en los tres últimos años, de indudable crisis política, el 'Boletín Oficial del Estado' ha adelgazado más de un veinte por ciento anual, signo inequívoco de que el Gobierno cada vez tiene menos producción legislativa. Y el Parlamento, por cierto, que ahora acaba sus largas vacaciones navideñas, paralizado de hecho desde hace muchos meses...
Ojalá que Guindos alcance sus objetivos y ocupe un puesto relevante para España; me ha parecido algo desenfocado el apunte del PSOE, diciendo que solo apoyará la propuesta gubernamental si se trata de una mujer y de perfil técnico, no político. En fin, creo que eso no va a favor de la plena integración de sexos, ni procede ahora tal objeción. Entre otras cosas, porque me parece que los socialistas, en interés del país, deberían favorecer lo más posible no solo el acceso de un español -sea del PP, hombre, mujer, técnico o político- a un área decisiva en los planteamientos europeos, sino también que Rajoy empiece de una vez a mover fichas. Y eso no se puede reducir solamente a recibir de cuando en cuando a Pedro Sánchez en La Moncloa, que ya era hora; ni a admitir la creación de subcomisiones reformistas en el Congreso, que están mostrando, hasta el momento, una escasa operatividad.
No; Rajoy acaso tendría que empezar a plantearse la necesidad de cambios profundos en su estrategia, con la que, preciso es reconocerlo, ha vencido a Puigdemont, sin ir más lejos, según confesión de parte de este mismo. Los cambios bien entendidos, por cierto, no han de afectar solamente a su Ejecutivo, en el que se aprecian algunas profundas diferencias internas. Los cambios bien entendidos, dice el viejo refrán, empiezan por uno mismo. No debería ninguno de los principales actores políticos, algunos de los cuales tan mal parados salen en las valoraciones del CIS, desaprovechar una nueva oportunidad de reactivar la lánguida, errática, vida política de este país nuestro.