Estar con Rajoy en estos días peligrosos

Estar con Rajoy en estos días peligrosos

La aprobación por el Consejo de Ministros del sábado de una aplicación `de máximos` del artículo 155, interviniendo en la práctica la autonomía de Cataluña, pero no de manera efectiva hasta este próximo sábado, abre una zona de peligro que durará toda esta semana. En la que no sabemos aún cuál será la reacción de los responsables de la Generalitat catalana, donde todos los indicios muestran que lo más probable sea, al final, una declaración unilateral de independencia, lo que significaría ya una rebelión en toda regla. Ello comportaría al Gobierno central tener que tomar decisiones de inusitada dureza y la aplicación de otros artículos, indeseables, contemplados en la Constitución. Además, claro, del 155 en su versión no precisamente `light`.
Ciertamente, lo lógico sería pensar que Puigdemont y su camarilla -porque en eso se han convertido: una camarilla que engaña a sus seguidores con promesas de lo que no puede ser- tratarían de ahorrar sufrimientos y tensiones a los catalanes, aceptando la salida que sería más lógica y, en teoría, menos indeseable para todos: la convocatoria de unas elecciones anticipadas, que tal vez desde el Palau de la Generalitat quieran llamarse constituyentes, pero que, en realidad, serían autonómicas. Pero me temo que el molt honorable president y su puñado de irreductibles anda en la teoría de pegarse un tiro en el pie y de cumplir su amenaza: si el Gobierno central decreta la aplicación del artículo 155, nosotros declararemos la independencia.
Me cuentan que en el propio bando independentista hay ya fricciones sin cuento, porque los que tienen los pies en la tierra perciben el enorme coste que lanzarse al abismo secesionista va a tener, en todos los órdenes, para los catalanes, para todos los catalanes. Y, de paso, también para el resto de los españoles, a los que cuesta creer que esté ocurriendo lo que está ocurriendo.
Así, la verdad es que quien diga que sabe lo que va a ocurrir, cuando incluso en el bando separatista hay claras diferencias de criterio, exagera o miente. Cualquier cosa podría pasar, y ello para nada me tranquiliza. Me cuesta, por otro lado, entender las razones por las que el Ejecutivo que preside Rajoy se ha dado un plazo tan laxo antes de intervenir en los órganos de gobierno de la Generalitat, dando al Govern excesivas oportunidades para que actúe como suele: como un elefante en una cacharrería. Y claro que no se puede descartar, en absoluto, el `complejo de Sansón`: derribar el templo para aplastar a los filisteos. Y, de paso, al propio Sansón.
Pues ¿qué creían Rajoy y sus ministros, ganando tiempo antes de llevar a cabo sus planes para Cataluña? ¿Que Puigdemont iba a lanzarse a la plaza de Sant Jaume pidiendo perdón por sus desvíos y retrotrayendo todo lo actuado? Dudo de que tanta ingenuidad haya sido posible. Pienso, más bien, que esta `semana de gracia` se debe al escaso deseo que tenía el Gobierno central de poner en marcha el `mecanismo 155`, que, por supuesto, a nadie agrada, ni en Cataluña ni en el resto del país. Simplemente, no ha habido, a estas alturas, otro remedio que encender las turbinas; negociar ya no era posible, temo.
Soy uno más de los que en estas horas contienen el aliento, sabiendo que de nada vale hacer recapitulación de culpas, negligencias y errores. De nuevo, aunque sé que nadie lo agradece -y no lo hacemos para eso, obviamente--, creo que en estos momentos hay que estar, como están Pedro Sánchez, Albert Rivera y muchos otros, apoyando al Ejecutivo que preside Rajoy, que a quien le toca manejar el timón, y vaya si lo está manejando, para bien o para mal. Luego, tiempo habrá de pasar revista a todo lo actuado y a lo que se dejó de actuar, tiempo habrá de ejercer un periodismo crítico y de recordar que la Historia es eso que hay que estudiar para no repetir las equivocaciones del pasado.
Esto que nos sucede es inédito, no existe ese pasado; por eso tenemos que ser especialmente cuidadosos con el relato que dejemos a nuestros hijos sobre lo que ha ocurrido en estos días trepidantes, tan nefastos que pienso que son de difícil calificación.