Estamos en manos de Pedro... ¿Estamos en buenas manos?

Estamos en manos de Pedro... ¿Estamos en buenas manos?

Atacar por principio al presidente del Gobierno me parece un deporte que algunos observadores y politólogos practican con unción, y quizá esté, además, justificado, aunque personalmente en ocasiones me parezca algo -algo- injusto. Pero es que, además, resulta inútil y, por tanto, nos conduce a la melancolía: Pedro Sánchez se apasiona por lo que tertulianos y columnistas dicen de él, justo lo contrario de lo que me parece que ocurría con Mariano Rajoy, pero, en el fondo, me parece que, como su antecesor, pasa mucho de lo que los sedicentes consejeros le indican, o le indicamos, con mejor o peor intención, que debería hacer.
En el fondo, si los chicos de la prensa y los cenáculos y mentideros tienen un peso nulo en las resoluciones del habitante de La Moncloa, tampoco parece que tenga una especial influencia en las decisiones presidenciales lo que los sondeos dicen que quisiera la ciudadanía. En eso, la verdad, no me parece que Pedro Sánchez se diferencie demasiado de casi todos sus antecesores. Y así estamos a día de hoy, aguardando a que, dentro de unas horas, el hombre en cuyas manos estamos se pronuncie en una especie de veredicto que en mucho nos afecta: ¿cuándo piensa convocar el señor Sánchez las elecciones generales, una vez que esa especie de 'Gobierno Frankenstein' en el que se sustentaba el Ejecutivo ha caído por tierra? ¿Cómo piensa hacerlas, en quién se apoyará, con qué programa?
Cuando escribo este comentario nada se sabía acerca de las intenciones del presidente. Personalmente, estoy casi -casi- convencido de que disolverá las cámaras legislativas en las próximas semanas, y convocará las elecciones antes del verano, bien a finales de abril o a finales de mayo, haciendo coincidir entonces las legislativas con las otras tres urnas -europeas, autonómicas donde toquen y locales- que aguardan a los españoles. Postergar al otoño estas elecciones tiene más riesgos y menos interés para la nación, estimo -pero ¿cuándo primó el interés de la nación en las decisiones políticas de alto vuelo?-. Y no digamos ya tratar a la desesperada de llegar hasta el final de la Legislatura, junio de 2020, cuando, como todos saben y es patente, la Legislatura ya estaba muerta incluso antes de la votación contraria a los Presupuestos de este semana.
Este mismo viernes, tras el Consejo de Ministros, veremos si Pedro Sánchez es capaz de comportarse como un estadista -y le reconozco esta posibilidad- o como un simple politicastro ensimismado en sus propios intereses -hipótesis que también me parece barajable-. Así que ¿28 de abril, 26 de mayo, septiembre, octubre, otro diciembre electoral de pasión? Espero que Sánchez, el hombre del que dependen muchos destinos y un destino colectivo, el de todos nosotros, haga primar los grandes valores de la Política con mayúscula. Reconozco que estoy deseando tener una oportunidad para aplaudir una de sus decisiones. Hoy, la verdad, no me siento animado a ello. Estamos en sus manos, ¿estamos en buenas manos?