...Y entonces llega Rajoy y le dice a Kim: ¿ves aquellas esteladas?

...Y entonces llega Rajoy y le dice a Kim: ¿ves aquellas esteladas?

Mariano Rajoy está junto al dictadorzuelo norcoreano Kim, que, con rostro furioso, escruta el horizonte con unos prismáticos, maquinaria de guerra a sus espaldas. Rajoy, señalando a ese horizonte hacia el que mira Kim, le dice: "¿ves aquellos de las esteladas? Te han dicho gordo". Risas. Seguro que usted lo ha recibido, este o alguno de los miles que estos días pueblan las redes. Los memes. Todo un fenómeno sociológico. No crea que frivolizo: puede que este escape virtual, pero muy real, esté definiendo una salida al problema catalán, dramatizado hasta la saciedad en medios oficiales tanto en Madrid como en Barcelona.
El término meme de Internet se usa, dice la sacrosanta Wikipedia, "para describir una idea, concepto, situación, expresión y/o pensamiento humorístico manifestado en cualquier tipo de medio virtual, cómic, vídeo, textos, imágenes y todo tipo de construcción multimedia que se replica mediante internet de persona a persona hasta alcanzar una amplia difusión". Se ha convertido en todo un fenómeno cultural, en el sucesor de aquellos chistes sobre Franco que servían para disminuir la presión de la dictadura sobre los ciudadanos. Ahora, todos estamos sufriendo una enorme presión política: hay quien ya da por seguro -yo no, desde luego- que, en torno al día 6, cuando se cumple el 83 aniversario de la proclamación del Estat Catalá por Companys, Puigdemont se encaramará al famoso balcón de la Generalitat para `instaurar` la República Independiente de Catalunya. Son, claro, solo rumores, como rumores son cuanto pueda rodear a lo que pueda ocurrir ese 1-O para el que apenas faltan cuatro días, porque de verdad-de verdad, nadie parece saber nada: no hay certezas.
Cuando falta la información, los hechos constatables y sube la crispación, se generan salidas. La violencia, a veces. Los rumores falsos, la guerra del desgaste, otras veces. O los memes. Yo me quedo con los memes, que nos hacen reír ocasionalmente, olvidando la estulticia de quienes son responsables de no haber sabido gestionar la situación, y conste que de equidistancia por mi parte, nada: los grandes culpables de haber llevado a su gente al borde del precipicio son quienes los han conducido hasta allí, la Generalitat y sus secuaces. El meme es lo opuesto a la dramatización que algunos sesudos pensadores quieren establecer en nuestras vidas: he leído a un famoso ex juez, que hoy quiere encabezar a un sensato grupo de gentes que se reclaman de izquierda, la sandez de que Rajoy no quiere diálogo con la Generalitat porque la batalla le conviene para tapar los casos de corrupción del PP. Hombre, tengamos un poco de sentido común...
Mire usted cómo el mismísimo Rajoy, que no se despeina ni haciendo vela, recorre estos días el mundo, en lugares tan confortables como el despacho oval de la Casa Blanca, recibiendo apoyos soterrados y cautos en su lucha contra la partición del territorio español. Él anda por ahí, y las fuerzas hispanas, empezando por las catalanas, aquí, tensándose al máximo, insultando hasta al héroe nacional Serrat, ante lo que pueda ocurrir el domingo, o el sábado, o el próximo día 2, o el 6, o vaya usted a saber cuándo. Porque, insisto, aquí no hay más información sobre lo que pueda pasar que los memes. Algún día alguien habrá de analizar este fenómeno, que implica a cientos de personas pensando y trabajando para hacer un GIF animado, recuperar tal imagen y dotarla de un contenido humorístico. Un personaje solemne, de cuyos alcances intelectuales nunca me hice muchas ilusiones, me dice, muy en serio, que esto de los memes debe ser una cosa de los `hackers` rusos, dentro de la guerra mundial que se libra en Internet. Hala, a ver si te enteras, Kim.
Ya digo: cuando todo esto acabe, que acabará más pronto que tarde, alguien debería pensar en hacer una exposición de algunos de los cientos de memes que estamos recibiendo en nuestros teléfonos móviles estos días. Y entonces todo quedará en eso, en una inmensa carcajada nacional. Incluyendo Cataluña, por supuesto.