El 'pacto de las puñetas'

El 'pacto de las puñetas'

Escucho a algún magistrado amigo calificar así, como el 'pacto de las puñetas', el, a su juicio, "lamentable nuevo pacto del capó" entre PSOE y PP —que no es un acuerdo parlamentario, sino un acuerdo en las catacumbas— para renovar el Consejo del Poder Judicial. Un CGPJ atípico, que ha provocado el arquear de cejas de muchos togados y 'empuñetados', porque evidencia que no hay afán en el Ejecutivo, incluyendo al principal partido de la oposición, por la separación de poderes, sino, al contrario, por copar la mayor cantidad de poder del Estado hasta que unas elecciones vengan a forzar un nuevo reparto de cartas. Unas elecciones que Pedro Sánchez quiere colocar lo más lejos posible, allá por la primavera de 2020, pero que casi nadie, ni tampoco desde luego el único amigo que le queda a Sánchez, cree que se sitúen más allá del próximo otoño, si es que se llega hasta entonces.
Que ese único amigo que le queda a Sánchez, es decir, Pablo Iglesias, haya dicho, alto y claro, que las elecciones generales pueden ser "antes de lo que muchos creen" si no se llega, que no se llegará, a un pacto para sacar adelante los presupuestos socialista-podemitas, muestra por dónde andan las relaciones en la no declarada coalición PSOE-Podemos. Pablo Iglesias parece temer que Sánchez acabe abandonándole cuando ya no le necesite y está forzando la máquina. De hecho, Podemos se ha quedado algo marginado, al menos en apariencia, del 'pacto de las puñetas', que tanto está horadando la credibilidad de la clase política y de la `clase jurídica`, aunque al frente del gobierno de los jueces se haya consensuado a una figura tan respetable como la del juez del Supremo Manuel Marchena.
Ciudadanos decidió quedarse fuera de este pacto, salvaguardando así su honor. Podemos, que, según mis fuentes, fue quien inició los contactos subterráneos y en la oscuridad con el PP, a los que luego se unió el PSOE, también se ha quedado como al margen, pero sin ganarse la medalla, que sí se ha ganado Albert Rivera, de alzar su voz clamando contra un pacto que hace trizas lo más elemental de la doctrina de Montesquieu.  A Sánchez, lo va mostrando sin tapujos allá por donde va, del Congreso de los Diputados a Bruselas, de Antigua, en Guatemala —qué poca proyección ha tenido la 'cumbre' iberoamericana, por cierto—, a Rabat, lo que más le importa es la permanencia en La Moncloa 'y en el Falcon', como dicen los malévolos. Pero ahora, en pleno zafarrancho ante las diversas elecciones autonómicas, locales y europeas, resulta que PS es el mal menor: por ejemplo, ni Casado ni Rivera, en plena competición para ver quién es más 'halcón', serían capaces de dialogar con los independentistas catalanes (vamos a ver si Sánchez lo consigue; al menos hay expectativas).
Y, además, sospecho que 'este' PSOE, tan atípico, es el único que puede frenar la amenaza de un Podemos cada día más descontrolado, como ha quedado patente en el Ayuntamiento de Madrid y en Navarra y en Cataluña. Y me parece que también en Andalucía, donde Teresa Rodríguez, la versión local del partido morado ('Adelante Andalucía') no quiere pactar el futuro poselectoral con el PSOE-A si no se prescinde de su odiada Susana Díaz; ahí queda mucha tela por cortar.
Así que, si no es capaz de sacar adelante 'sus' (y de Podemos) Presupuestos este mismo mes de diciembre, PS prorrogará los de Mariano Rajoy, que eran, decía él, tan malos, y acudirá a los reales decretos-leyes para ir tirando hasta junio de 2020: así lo dijo el viernes en Antigua, clausurando una `cumbre` iberoamericana, con presencia de Felipe VI, que tantas oportunidades tenía de convertir a España en el 'plan Marshall' para las necesidades de los inmigrantes en el subcontinente... y nada.
Ahora, a Sánchez le quedan Marruecos, La Habana, un diciembre apasionante a bordo de `su` avión y tomando el turrón en el palacio presidencial, ahí es nada. Pero debe saber que nadie en su entorno más sensato, independientemente de lo que digan en voz alta ante los micrófonos, piensa que podrá llegar esta situación hasta 2020: ya tiene enfadados con él hasta a los fabricantes de automóviles, con unos anuncios 'futuristas', los de la desaparición del automóvil no eléctrico dentro de veinte años, que son ganas de cabrear a la gente para nada...
Y ya digo: el primero que no cree en la pervivencia de Sánchez en La Moncloa, al menos al margen de unas elecciones, es precisamente quien está manteniendo ahora esta pervivencia, el hombre que urdió, pero no consumó, el 'pacto de las puñetas', el hombre que, lo veremos, hará la puñeta a Pedro Sánchez a no mucho tardar. Esta situación algo surrealista en la que vive nuestra política, lo vamos a comprobar, va a dar muchas vueltas antes de lo que muchos piensan, según nos advirtió el único amigo (¿amigo?) que le queda ya a Pedro Sánchez.