Coscubiela o Rufián, ese es el dilema

Coscubiela o Rufián, ese es el dilema

Supongo que el `procés`, visto tanto desde la derecha como desde la izquierda, admite bastantes modalidades. Lo de la derecha, ya me lo explicará alguien: cómo es posible que burgueses como Puigdemont o el propio Oriol Junqueras -no haga usted demasiado caso a la etiqueta 'Esquerra'-, para no citar ya a algunos miembros del Govern, se alíen con fuerzas que serían consideradas extrasistema en cualquier país europeo, como la CUP, para, entre ambas partes, violentar las leyes y las normas más básicas del Derecho, que es en lo que consiste ese bodrio jurídico, con pretensiones de Constitución transitoria, que es la ley de desconexión. Pero aún más difícil me resulta entender lo que pasa en la izquierda, en general, y en la versión catalana de Podemos en particular: un grupo parlamentario de once que logra tener tres posturas ante el referéndum independentista: el 'sí', el 'no' y la abstención, menuda locura. Y, en medio, deshojando la perversa margarita, Ada Colau, que puede provocar en Barcelona, de aquí al 1 de octubre, uno de los líos más monumentales en los que se haya visto envuelta la Ciudad Condal desde el 6 de octubre de 1934.
Ya sé que esto de la independencia catalana no responde milimétricamente a los conceptos izquierda-derecha, aunque no faltan miopes que identifiquen a la izquierda con las tendencias separatistas (y entonces, ¿qué pinta el PSC en el otro bando?) y a la derecha con el antiindependentismo (ya me dirán si, por ejemplo, los Pujol resulta que no son de derechas). Creo que Cataluña refleja, como nadie ni nada, la confusión ideológica que vive el país, España, digo, inmersa en un esperpéntico caos político. La pelea entre alguien que se reclama 'radical de izquierdas', como el diputado de ERC Gabriel Rufián, que representa unos modos, una estética y creo que hasta una ética, con alguien que sí me consta (le conozco) que es un hombre de la izquierda más honrada, como Joan Concubiela, me resulta altamente significativa.
Y es que sucede que Coscubiela, portavoz del grupo parlamentario de Catalunya Si que Es Pot, que viene a ser la rama catalana de la formación morada de Pablo Iglesias, ha tenido la osadía de pronunciarse en contra de la independencia, aludiendo a razonamientos que me parecieron impecables, incluyendo el futuro de su propio hijo. Pero ya vimos que ni todo su grupo le respalda, por lo que probablemente tendrá que abandonar su puesto de portavoz, ni, desde luego, algunos tuiteros, que comparten las malas formas que caracterizan a Rufián, han dejado de atacar a este veterano sindicalista, que tanto peleó contra Franco y a favor de la peculiaridad catalana, con los peores insultos y las más groseras amenazas.
Me preocupa la que me dicen que es una situación anímica desalentada por parte de Coscubiela. A él, estoy seguro, a la hora de mostrar su postura no le presionan ni las posibles querellas de la Fiscalía, ni lo que diga el Tribunal Constitucional, ni la firmeza mostrada por Rajoy, que es personaje que me consta que no le gusta; a él, lo que le atenaza es la falta de sentido común, la irracionalidad colectiva en la que parece haber caído una parte de la sociedad catalana, y que se evidenciará, si Dios no lo remedia, este lunes, en la celebración de la Diada y, luego, el próximo 1 de octubre.
Creo que ejemplos de valor cívico como el de Coscubiela son mucho más afectivos que los discursos de decenas de políticos del PP, del PSOE y de Ciudadanos juntos, con lo cual no quiero decir, ni mucho menos, que no aprecie la demasiado tardía unidad de las fuerzas constitucionalistas en torno a las medidas, que temo que de manera inevitable serán crecientemente duras, puestas en pie por Rajoy al frente del Gobierno central. Es, ya lo vemos, la guerra. Lo malo es que la derecha tenga que optar entre Albiol y Puigdemont (no es más conservador el primero que el segundo) y la izquierda, entre Rufián y Coscubiela. Algo está fallando en esta sociedad nuestra cuando no nos damos cuenta no solamente de dónde está la decencia, sino de dónde está el raciocinio, que es exactamente lo contrario del enloquecimiento. Y sigue la absurda batalla, a ver en qué para toda esta insania, porque hoy, a casi veinte días de una fecha que será negra, todas las posibilidades están abiertas, lo que quiere decir que cualquier cosa puede pasar, mira que Coscubiela nos lo está advirtiendo.