Casi todo lo que hemos hecho bien (y mal)

Casi todo lo que hemos hecho bien (y mal)

Reconozco que, casi tanto como el tono conciliador empleado este lunes, en un desayuno muy concurrido organizado por Europa Press, por el presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, me gustó la presencia en ese acto de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. Me pareció que ambos entendían que son bienes superiores lo que ahora hay que preservar y que no conviene desgastarse en ataques al Gobierno del PP el uno y a la oposición del PSOE la otra. Es, totalmente de acuerdo con el presidente extremeño, momento de cerrar filas para buscar acciones eficaces que preserven la unidad del país y restañen a Cataluña, y al resto de España, las heridas producidas por un desbocado intento golpista secesionista, fracasado sin duda, pero que sigue haciendo notar sus catastróficos efectos..
Claro que no voy a decir ni que todo vaya bien ni que todo se haya hecho bien. Los errores del pasado inmediato, la inactividad desesperante de unos y el `no, no y no` de los otros, han contribuido no poco a conducirnos a donde estamos, y donde estamos es en una situación bien peculiar -por decirlo con palabras suaves-: estamos, nada menos, en la posibilidad de que el próximo president de la Generalitat, salido de las elecciones autonómicas convocadas quizá algo precipitadamente desde La Moncloa, haya de abandonar la cárcel para tomar posesión y luego volver a ella. Movida sin duda surrealista y muy poco aconsejable si queremos llevar la paz política, ya que no el calor hogareño, a las relaciones entre Cataluña y el resto de España. Ni tampoco me parece el mejor escenario posible aquel en el que otro de los candidatos, quizá incluso la otra posibilidad para ser el próximo ocupante de la presidencia del Govern autonómico, pudiese tener que regresar del `exilio` para poder sentarse en la plaza de Sant Jaume.
Una locura, sí, derivada de la dejación de las responsabilidades políticas en manos de los jueces, que no entienden de florituras y sí de lo que dicen, lisa y llanamente, las leyes. Y no están las cosas como para andar aplicando así, lisa y llanamente, el código de sanciones penales previstas para los obvios desmanes antidemocráticos y anticonstitucionales de Puigdemont, Junqueras y demás. Confiemos en que el juez del Supremo no repita las decisiones tajantes de su colega de la Audiencia Nacional y no acuerde prisión inmediata e incondicional también para la presidenta y la Mesa del Parlament catalán; tener a una docena de políticos catalanes encarcelados y a otra media docena buscando casi asilo político (aunque hayan evitado decirlo así, porque hubiese sido un nuevo dislate por su parte), no viene bien ni al proceso electoral abierto en Cataluña, ni a la marca España, ni a la economía del país, incluyendo, desde luego la catalana.
He de admitir que seguramente no quedó otro remedio que aprobar -tarde, por cierto-- la aplicación del artículo 155 para sofocar las llamas de la rebelión de la Generalitat y sus derivados. Pero quizá en algún momento alguien, con toga, echó gasolina al incendio. Y eso se promovió desde el poder Ejecutivo y no se evitó desde el Legislativo. Hay que volver a intentar pactar, me temo, y lo digo sabiendo perfectamente que no es un pacto precisamente lo que pide la mayoría de la muy irritada opinión pública española pero no catalana: hay, sin duda, un conflicto serio entre los catalanes y el resto de los españoles, que es un conflicto que hay que agradecer a la impericia, torpeza y falta de imaginación de los gobernantes.
Algo hemos sacado, al menos, de todo esto: la consciencia, reflejada en el desayuno al que me refiero, de que con las cosas de comer no se juega y que la oposición política hay que ejercerla cuando hay que ejercerla y en las materias en las que haya de ejercerse. Viendo a SSdeS sentada en el multitudinario acto protagonizado por Fernández Vara, en presencia también de la portavoz socialista Margarita Robles, dí en recordar aquel loco proyecto del PSOE de presentar una moción de reprobación contra la vicepresidenta. Ese proyecto se hacía público hace un mes, y ya ve usted: ahí estaban, frustrada reprobadora -Margarita Robles- sentada amigablemente casi al lado de la frustrada reprobada, SSdeS.
Y es que los tiempos, ya lo mostraron este lunes ambas, además de Fernández Vara, están más para buscar pactos que para `noes` apriorísticos, como hasta hace muy poco venía haciendo Pedro Sánchez. Por cierto que el secretario general socialista, que es quien ha dado el gran viraje estratégico sobre la permanente negativa de antaño, no asistió al desayuno. Será porque no quería que los periodistas le preguntásemos por su bastante razonable crítica a la estrategia del Gobierno de acudir siempre al Código Penal, y no al diálogo, para tratar de resolver la `cuestión catalana`. Y no es eso, no es eso: que una cuestión es apoyar, y qué remedio, a Rajoy y otra aplaudir hasta cuando yerra.