Trump y la ONU

Es imposible saber qué sabe Donald Trump del origen de la existencia de las Naciones Unidas. De cómo el impulso de uno de sus predecesores en la Presidencia de los EE.UU, fue decisivo para crear este organismo, que, pese a sus muchas deficiencias y no pocos fracasos, en el último medio siglo ha sido clave a la hora de reducir las tensiones entre países que en tiempos no tan lejanos desencadenaron guerras mundiales.
De sus palabras durante la campaña electoral que le llevó a la Casa Blanca se deducía que pensaba que era "un club de amigos" que derrochaban los fondos que recibían. Sobre todo se quejaba de que la aportación económica de los EE.UU. era excesiva y anunció su intención de recortarla. Era una de su sus promesas estrella.
La otra, como se sabe, es el muro que pretende levantar en la frontera con Méjico.
De momento no ha llevado a cabo ninguna de sus amenazas. Aunque las mantiene y en el caso de la ONU, en su primera intervención, a modo de preámbulo del discurso que pronunciará ante la Asamblea General, habló de restringir el presupuesto y de que era necesario reformar la organización pero sus palabras se habían alejado bastante del guión de cuando era un simple candidato.
En opinión de los corresponsales diplomáticos neoyorquinos, habría hablado como un empresario, no como un político. Trump critica el desequilibrio entre inversión y resultados. Defiende un recorte del presupuesto, pero no la liquidación de la cuota norteamericana. Su crítica a los procedimientos diplomáticos -alambicados, premiosos, hay que reconocerlo- la suscribe hasta Antonio Guterres, el flamante secretario general de la organización.
Trump le animó a recortar la burocracia y a reformar un sistema anticuado. Guterres recogió el testigo. Para alivio de cuantos temían que Trump entrará en plan elefante en el simbólico parlamento mundial, sus primeras palabras a su paso por la ONU no dejan la esperada mala sensación. Incluso apoyó una declaración suscrita por 128 países, entre ellos España, para respaldar las reformas que tiene en agenda el secretario general. Confiemos en que a última hora, en el discurso oficial ante la Asamblea, no vuelva al guión de cuando era candidato y poco menos que quería cerrar la ONU.