Tocado, puede que hundido

Tocado, puede que hundido

El pasado es prólogo. El juicio por la trama del caso Gürtel no era una "trama contra el PP" como sostenía Mariano Rajoy. Hoy todo el mundo sabe lo que entonces él ocultaba: era un entramado de corrupción del que se beneficiaba el partido. La sentencia, demoledora, que apareja condenas muy elevadas para algunos de los personajes que durante años obtuvieron pingües ganancias con sus prácticas delictivas también deja por escrito que el tribunal cree que Mariano Rajoy no dijo la verdad cuando fue requerido como testigo en el juicio. Y declara probado que el PP mantenía una caja "B", una estructura contable paralela.
Ante semejante escenario, Mariano Rajoy ¿puede seguir como si nada hubiera sucedido esperando a ver sí el PSOE consigue apoyos suficientes para sacar adelante una moción de censura? ¿Debería renunciar, dimitir, cediendo el paso a otro dirigente de su partido? Esta vez su táctica favorita, esperar a ver sí escampa, no le va servir de nada porque la tormenta es galerna. Su única esperanza es que la moción de censura que plantea el PSOE no está exenta de incertidumbres y riesgos políticos. Pedro Sánchez podría contar con el apoyo, explicito, de Podemos y el más que probable de ERC, PDeCat, Compromís y Bildu (sumarían 174). También podría conseguir el del PNV aunque desde Vitoria ya han dicho que ellos, antes de dar sus 5 votos, querrían conocer el programa de Gobierno del candidato a La Moncloa.
Está en el aire la posición de Ciudadanos. Albert Rivera, tras conocer la sentencias, dijo que "había un antes y un después", palabras que admiten interpretación. Lo probable es que Ciudadanos apoye la moción de censura a cambio de que Sánchez se comprometa a convocar elecciones en dos o tres meses, pero en el último momento se les podría atragantar tener que ir de la mano con Podemos. Esta combinación sumaría 184 votos. La componente de riesgo más elevada que asume Pedro Sánchez al presentar el PSOE una moción de censura son los compañeros de viaje.
Apoyarse en los partidos independentistas catalanes (y en Bildu) en medio del proyecto de ruptura planteado en Cataluña por esos mismos grupos supondría asumir un riesgo político muy elevado. Nadie da nada a cambio de nada. Pero Sánchez está obligado a intentarlo. Sólo Albert Rivera podría evitar males mayores. Lo que a primera vista se aprecia es que Rajoy está tocado y puede que acabe hundido justo cuando más felices se las prometía. Tras haber cuadrado el círculo consiguiendo los apoyos que le permitieron aprobar los Presupuestos. La política es así. Sólo Bizancio duró mil años.