¿Qué más puede pasar?

¿Qué más puede pasar?

Qué más nos puede pasar?" se preguntaba un joven diputado del PP al conocer la noticia de la detención de Eduardo Zaplana llevada a cabo por agentes de la UCO, la unidad de la Guardia Civil especializada en la investigación y persecución de delitos graves y crimen organizado.
La pregunta reflejaba el desconcierto y la desazón de quienes dentro del PP no estando en lo alto de la pirámide observan cómo, día a día, la imagen del partido se va hundiendo -probablemente de manera irreversible- por los repetidos casos de corrupción.
Eduardo Zaplana lo ha sido casi todo en el PP: ministro de Trabajo, portavoz del Gobierno, portavoz parlamentario del partido, presidente de la Generalidad Valenciana y alcalde de Benidorm. Estos días algún medio reparó en un dato que por sí solo ahorra palabras a la hora de explicar el porqué las encuestas reflejan un descenso constante del PP en la intención de voto de los ciudadanos. El dato es más que revelador: de los 14 ministros del Gobierno de José María Aznar, 12 han tenido o tienen problemas con la Justicia o se han visto implicados en casos que les han llevado a sentarse en el banquillo.
Todos por asuntos relacionados con episodios de presunta corrupción. Alguno de esos ministros acabó en la cárcel caso de Jaume Matas; sobre otro, Rodrigo Rato, pende una sentencia de cuatro años prisión. Hay más. Casos como el conocido popularmente como de "los papeles de Bárcenas" o el "Gürtel", cuyas sentencias están próximas, podrían ampliar esa lista. En la victoria del PP en los comicios del 96 jugó un papel fundamental la denuncia de casos de corrupción de la última legislatura del PSOE en tiempos de Felipe González (Filesa, el BOE, la fuga de Roldán, etc). Aznar prometía honradez y regeneración. De aquél compromiso quedan las cenizas y el recuerdo de palabras que ahora les persiguen. En el fervor de alguna de las campañas electorales, Mariano Rajoy proclamó en un mitin en Baleares que él quería parecerse a Jaume Matas. Lo mismo dijo en otro celebrado en Valencia señalando a Eduardo Zaplana como paradigma de buen gobierno y probidad. En agosto del 2003, a punto de ser señalado por Aznar como sucesor, Mariano Rajoy navegó por el Mediterráneo en la alegre compañía de Matas y Zaplana. Eran días de poder y rosas. Hoy sabemos lo que había debajo. Hoy sabemos que la desazón del joven diputado del PP al conocer la noticia de la detención de Eduardo Zaplana responde al temor de que sacudido por los casos de corrupción, todo el edificio se venga abajo.