Qué hacer

Qué puede hacer el Gobierno? Es la pregunta del momento en relación con el desafío secesionista que se anuncia en Cataluña. Lo dramático del caso es que la gente de la calle nos lo pregunta a los periodistas. Como si, más allá del sanedrín de La Moncloa, alguien lo supiera. La discreción con la que el Gobierno ha ido siguiendo los pasos de los dirigentes separatistas dificulta cualquier pronóstico acerca de las medidas que tomará el Ejecutivo para impedir la celebración del referéndum del día 1 de Octubre. Todo son conjeturas. Si durante algún tiempo las cábalas giraban en torno a la aplicación o no del Artículo 155 de la Constitución -parece que Rajoy, si es que alguna vez contempló esa medida, vista la oposición del PSOE, la habría desechado-, ahora, de lo que más se habla, es de la Ley de Seguridad Nacional (2015).
Un instrumento que permitiría al Presidente del Gobierno, una vez declarado por decreto "una situación de interés para la seguridad nacional", obligar a cualquier autoridad del Reino a prestar los medios humanos y materiales que garanticen la aplicación de las medidas enunciadas en el decreto presidencial. Cabe suponer que una de esas medidas sería encomendar la dirección de la policía autonómica (Mossos d`Escuadra) al delegado del Gobierno. Sería la manera de liberar a los funcionarios de la presión a la que están sometidos por sus actuales mandos políticos enredados como están en el proceso separatista.
Ya digo que esta podría ser la respuesta del Gobierno al proceso de sedición. Pero no pasa de ser una conjetura. El Gobierno aguarda a lo que pueda aprobar el miércoles día 6 el "Parlament": primero el referéndum y al día siguiente la llamada "ley de desconexión".
Para los separatistas será el pistoletazo de salida a la cadena de insurgencias previstas. Y entre medio, la "Diada". Un 11 se Septiembre que los separatistas intentarán convertir en una demostración de fuerza con multitudes en las calles. Abocamos a una situación de vértigo que reclama por una parte firmeza y por otra prudencia. Conviene, pues, no perder los nervios.