Crímenes y dolor

Crímenes y dolor

Los términos en los que "Josu Ternera", antiguo jefe de la banda terrorista, anunció la disolución de la ETA dejan en el aire las últimas mentiras procedentes de este mundo de asesinos nacionalistas fanáticos. La ETA nunca defendió ni la libertad ni al pueblo vasco. Fue su principal agresora. Su más sanguinario enemigo. De hecho, al asesinar a decenas de militares, agentes de la Guardia Civil y policías lo que intentaron una y otra vez fue provocar una involución política. Provocaron a las Fuerzas Armadas para que dieran un golpe de Estado. Esa era su estrategia de fondo. Acabar con la incipiente democracia española para presentarse después como salvadores del pueblo. No lo consiguieron. Aunque el 23F de 1981, el golpe, felizmente abortado, a punto estuvo de abrir las puertas al abismo.
856 asesinatos (369 todavía por esclarecer), miles de heridos, secuestros, extorsiones y exilios forzados son el trágico balance de las actuaciones de esta banda criminal que a lo largo de 60 años provocó en España muertes y dolor sin cuento y sin razón. Ante la indiferencia cuando no la complicidad abierta de amplios sectores de la sociedad vasca. Fue el caso señalado de no pocos clérigos y el de más de un purpurado. Pero también el de algunos intelectuales, periodistas y profesores universitarios que por miedo o estulticia actuaron como tontos útiles justificando las acciones de la banda y sus pistoleros en el "contexto del conflicto".
Por no hablar de los líderes políticos del nacionalismo que durante los ochenta y bien entrados los noventa del pasado siglo actuaron descaradamente de abogados políticos de la causa. Ninguno ha pedido perdón. Perdón a las víctimas y a sus familiares directos. Y a tantos y tantos ciudadanos a los que la amenaza de los pistoleros de la banda obligó a cambiar sus rutinas de vida. Unos, alejándose del País Vasco, otros intentando no caer en la paranoia que acecha a los amenazados. Crímenes y dolor. Ése es el trágico legado de la ETA. Una banda criminal creada al servicio de unas organizaciones políticas nacionalistas que por la vía del terror -matar a mil para amedrentar a un millón- intentaron doblar la rodilla a toda una sociedad. No lo consiguieron. Ninguno de los objetivos (1976) de la llamada "alternativa KAS": ni la amnistía, ni la desaparición de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, ni la independencia del País Vasco, ni la fusión con Navarra. Crímenes y dolor, ése es el relato que nadie nos hará borrar de la memoria. Atentos, pues, a los indecentes, que intentarán falsear esta historia.