El Rey ante el bloqueo

El Rey ante el bloqueo

Estamos en un bucle imposible, en un bloqueo institucional sin precedentes, que está situando al país al borde del abismo. Lo que parecía como una opción inviable: realizar unas terceras elecciones en un año parece que ahora se vislumbra como una posibilidad real y si las cosas no se arreglan, el 18 de diciembre -si los partidos se ponen de acuerdo en modificar la ley- ¿no es casualidad que en eso sí parecen estar dispuestos a entenderse? ó el 25 fun, fun, fun iremos a una nueva cita con las urnas. Felipe VI ha recordado a los principales líderes políticos del país que la pluralidad emanada de las urnas, conlleva una nueva forma de ejercer la política "basada en el diálogo, la concertación y el compromiso" y eso se ha entendido en algunos medios de comunicación como un paso más y hasta cierto punto algo novedoso y excepcional dadas las limitaciones constitucionales del jefe del Estado, ante el bloqueo que suponen estos 260 días con un Gobierno en funciones.
Varios expertos constitucionalistas consultados por el algunos periódicos digitales coincidían en señalar que el primer gesto público del Rey tiene una trascendencia indudable, y pretende llamar al orden a la clase política española tras una nueva investidura fallida. El Rey está preocupado ¿cómo no va estar el primer español? y aunque su función esté acotada y deba limitarse a asesorar, estimular, sugerir o aconsejar está obligado también a señalar a los políticos la inquietud que todos los ciudadanos estamos viviendo.
En el comunicado hecho público por la Casa Real después de que la presidenta del Congreso le diera cuenta de la investidura fallida de Rajoy se dice textualmente que "Su Majestad el Rey cree conveniente recordar su mensaje de Navidad del año pasado, en el que señaló que la pluralidad política, expresada en las urnas, conlleva una forma de ejercer la política basada en el diálogo, la concertación y el compromiso, con la finalidad de tomar las mejores decisiones que resuelvan los problemas de los ciudadanos. Y que en un régimen constitucional y democrático de Monarquía parlamentaria como el nuestro, las Cortes Generales son la sede donde, tras el debate y el diálogo entre las fuerzas políticas, se deben abordar y decidir los asuntos esenciales de la vida nacional". Lo impecable de las formas y la sutileza con que Felipe VI recuerda a los partidos políticos la obligación de entenderse, no significa que no deje clara su posición o se muestre como un testigo impasible. De momento ya ha dicho que no va abrir una nueva ronda de consultas ni va a llamar a ningún candidato y hace bien porque otra investidura fallida sería intolerable desde todos los puntos de vista y el monarca no puede debilitar a la institución que representa dando pasos que los políticos se niegan a dar.
No están siendo tiempos fáciles en el reinado de Felipe VI. Es verdad que su padre tuvo que enfrentarse a un golpe de estado, y esa fue la gran prueba de fuego que definitivamente le coronó, pero desde que el Rey Juan Carlos le pasó el testigo a su hijo éste apenas ha tenido sosiego y su camino ha estado plagado de dificultades. Primero fueron los escándalos que han surgido en torno a la familia real con alguno de sus miembros sentado en el banquillo de los acusados por corrupción, luego el independentismo catalán -de hecho ayer mismo la Fiscal General del Estado, Consuelo Madrigal, alertó al Rey del "total desprecio el ordenamiento judicial constitucional que se plantea es de algunos sectores independentistas catalanes- y ahora el bloqueo político del país con un gobierno en funciones, sin presupuestos para el año próximo, ni techo de gasto ni perspectivas de que pueda haber un entendimiento.
Y entre medias algunos enredando y queriendo arrimar el ascua del monarca a su sardina. El otro día un destacado socialista me comentaba, que Felipe VI había sido quien le pidió a Pedro Sánchez que intentará ir a la investidura tras la negativa de Rajoy a hacerlo y éste aún sabiendo que no tenían los apoyos necesarios aceptó el reto por un alto sentido de la responsabilidad y un patriotismo. La pata coja del argumento es que el Rey está demostrando ser lo suficientemente prudente y minucioso para en tiempos revueltos no dar un paso en falso que exceda de su mandato constitucional. Así debe ser, pero eso no significa indiferencia.