¿Quo Vadis Rosa?

¿Quo Vadis Rosa?

Siempre decimos lo mismo: que las victorias tienen un millón de padres y las derrotas son huérfanas. Sólo detenerse en la foto del día después de las elecciones andaluzas para constatar la verdad de esa afirmación. En los partidos ganadores euforia, besos y postureo y en los perdedores tímidas apariciones y del mínimo nivel para maquillar la realidad. El caso más llamativo de mirar hacia otro lado por parte de su líder se ha desatado en UPyD donde hay auténtica rebelión. El enrocamiento de Rosa Díez ha provocado una crisis sin precedentes en el partido. Tal es así, que cuatro miembros del Consejo de Dirección -entre ellos los diputados Irene Lozano y Álvaro Anchuelo- presentaron a última hora de este lunes su dimisión irrevocable del órgano directivo del partido tras el desastre electoral.
Rosa Díez estuvo sobrada de chulería en la rueda de prensa donde, aunque reconoció que el resultado electoral había sido "malo, inapelablemente malo", no hizo ni una sola autocrítica y en ningún caso, se mostró dispuesta a ceder a las presiones de la cúpula del partido magenta para pasar el testigo de la portavocía a otro. De nada ha valido el aviso sin paliativos que le han dado las urnas en Andalucía -donde se ha producido el peor resultado de la historia de UPyD- ni tampoco el temor de muchos militantes y dirigentes que ya pronostican, al igual que las encuestas, una auténtica debacle en las elecciones del 24 de mayo. Yo no creo que el fracaso se tendía que haber traducido en una dimisión fulminante de todos sus cargos, aunque sí de algunos, pero atrincherarse sin admitir ninguna responsabilidad es lo peor que se puede hacer en un partido que ha hecho bandera de la transparencia y se pide sin parar democracia interna a las otras formaciones. Díez no reconoció errores sólo admitió "que algunas cosas se habrán hecho mal", para decepción de muchos no anunció ninguna medida de calado ni, de estrategia de su política de pactos, ni en la dirección. Incluso descartó convocar un congreso extraordinario o una consulta a la militancia para decidir el rumbo a seguir. En resumidas cuentas que la cosa no iba con ella aunque muchos de sus colaboradores más estrechos y también más mediáticos le han pedido que se retrate.
Ella es la líder del partido pero no su dueña, ni tampoco UPyD puede convertirse en su cortijo personal, aunque últimamente lo parece. Fueron muchas las voces que en su día le pidieron que tuviera en cuenta la mano tendida de Albert Rivera para unir fuerzas y su argumentación sigue siendo endeble cuando insiste en el carácter independiente y autónomo de la formación que lidera como si el hecho de pactar con ciudadanos le fuera quitar esa condición. Desde la Transición hasta aquí ha habido muchas alianzas de partidos diferentes que no han tenido que renunciar ni a sus valores ni a sus principios por firmar pactos electorales. Unir fuerzas es una cosa y diluirse otra muy distinta. De hecho si las encuestas aciertan el partido de Rosa Díez ha podido sufrir en las andaluzas la antesala de un desastre en la cita de mayo, y también puede estar tocado de muerte para las generales. Por contra Ciudadanos tiene una estela ascendente y si ambos partidos hubieran concurrido bajo unas siglas comunes a las elecciones andaluzas la coalición habría obtenido como mínimo 11 escaños y la suma de los votos de ambas formaciones les hubiera otorgado representación en ocho provincias andaluzas.
El futuro, como en nada, está escrito pero a priori Rosa Diez está equivocándose en la estrategia y su táctica también flojea. Tal vez debería repensar seriamente donde va. ¿Quo vadis Rosa?