Educación como arma de futuro

Educación como arma de futuro

Ha sido un caso espeluznante, pero completamente aislado y excepcional. El terrible suceso del instituto de Barcelona, donde un niño de 13 años ha acabado con la vida de un profesor y herido a varias personas no justifica, en absoluto, un cambio en la edad penal de los menores tal como se ha planteado estos días. El suceso, tan habitual en Estados Unidos, donde un día si y otro también un joven fuertemente armado provoca una masacre en un campus o en un instituto ha causado una fuerte conmoción en nuestro país, no sólo por la gravedad de los hechos, sino también por inusual. Cuando sucede allí nos referimos siempre a la facilidad con la que cualquiera puede conseguir un arma en una sociedad demasiado tolerante con las armas de fuego. Aquí no ocurre algo así, pero ha pasado un suceso igual de dramático y analizamos todo tipo de causas para que un joven, casi un niño, termine intentando matar a todo el que se crucé en su camino.
En este caso, con los datos que manejamos hasta este momento, se rompen muchos de los esquemas preconcebidos. El chico proviene de una familia de clase media estructurada , vive en un barrio sin problemas de marginación y en apariencia no era sino un adolescente más al que sus propios compañeros no tomaron en serio cuando advirtió que tenía ganas de matar.
La pregunta es ¿qué mueve a un menor a irrumpir en su colegio con una ballesta, un puñal y líquido inflamable para hacer cócteles molotov con el fin último de causar una masacre? De hecho el profesor de educación Física que logró reducirle tras matar al profesor y herir a sus compañeros lo describe como "un excelente alumno como muchas inquietudes y grandes ocurrencias" lo que todavía abre más incógnitas. Por eso vez cobra mayor verisimilitud la idea de un brote psicótico, sobre todo porque al chaval se le oyó decir "oigo voces, oigo voces, que me dicen que tengo que matar a todos" mientras lloraba desconsoladamente, como el niño que es, abrazado a su profesor tras ser reducido y desarmado.
Habrá que esperar a saber el resultado de todas las pruebas psiquiátricas para determinar si un brote de esas características es tal cuando, previamente ha habido premeditación y es evidente que el chico consiguió primero las armas y luego las llevó al instituto con la voluntad de hacer daño y cuanto más mejor.
Sea como fuere, los menores de 14 años no son imputables en España como indica la ley reguladora de la responsabilidad penal de los menores. Por lo tanto al alumno que ha matado a su profesor no se le puede exigir responsabilidades penales por el delito cometido. La legislación indica que las medidas que deben adoptarse en casos como éste deben ser en el ámbito educativo y familiar. De entrada se le someterá a una labor de reeducación y, según el protocolo, se le debe hacer un seguimiento por parte de psiquiatras y psicólogos con el fin de que no repita su acción en el futuro.
A quienes les queda por pasar un auténtico calvario es a sus padres que, más allá de las cargas judiciales que se deriven del caso, deberán no sólo vivir de aquí a delante con la idea de que han criado a un asesino sino seguir educándole para que esto no les deje a todos secuelas de por vida. En una sociedad donde convivimos a diario con la violencia a través de los medios de comunicación, internet o las redes sociales debemos plantearnos cuales son los límites y estos desde luego deben existir. La violencia no es una simple secuencia en un videojuego ni la escena de una película de acción y por eso debemos reforzar la educación de nuestros hijos en valores y fomentar al respeto. No es casual el incremento escandaloso en España de casos de acoso escolar o el aumento de denuncias de padres a hijos por malos tratos. Algo mal estaremos haciendo cuando también aquí se repiten comportamientos propios de culturas que criticamos. Prevenir en este caso es educar y la educación es el único arma de futuro. Modificar la edad penal es absurdo porque ¿dónde se fijan los límites cuando hemos visto asesinatos espeluznantes cometidos por niños de 10 años?