El retiro del Gobierno

El retiro del Gobierno

El Presidente del Gobierno ha convocado a su ejecutivo a un "retiro" en Quintas de Mora. Realmente llevan poco tiempo al frente del país, pero es verdad que necesitan, que deben reflexionar. Quizás, la primera reflexión que el Gobierno debería considerar es que la llegada de Sánchez no abre una nueva época. Es una demasía que no se ajusta a la realidad. Es querer dotar de una épica inexistente a la acción política. Lo que si se ajusta a la realidad son otras cuestiones en las que el Ejecutivo debería andar con más tiento y lo primero es aceptar que tienen solo 84 escaños de 350. Una minoría nunca vista en un Gobierno.
Por ello, en apenas dos meses y medio llevan ya ocho decretos leyes, esos mismos que Sánchez, en la etapa de Rajoy, consideraba un atentado a la vida parlamentaria y con razón. En un sistema parlamentario lo propio es parlamentar, pactar, discrepar, ganar y perder porque esto y no otra cosa es la vida democrática.
Con 84 escaños pocas cosas se pueden hacer, si no es recurriendo ainstrumentos que siendo legales deben estar jurídicamente bienfundamentados para no erosionar ni la vida parlamentaria, ni el sentido ultimo de los decretos leyes. Que Mariano Rajoy tenga en su haber 78 decretos leyes no justifica que su sucesor en La Moncloa haga lo mismo. ¿No se había abierto una nueva época?.
No suena a nueva época que no conozcamos la lista de quienes seacogieron a la amnistía fiscal, tantas veces solicitadas cuando estaban en la Oposición. El Gobierno del PP no la hizo publica, se decía entonces, porque en la tal lista había nombres que comprometían a los populares. Ya en el Gobierno, descubren que si Montero no la dio es porque no podía darla. Cabe preguntarse si en este asunto no será posible un decreto ley para levantar los impedimentos de hacerla pública. Puestos a gobernar a base de decreto ¿por qué no intentarlo en este asunto?.
Es verdad que cuando se esta en la Oposición la vida se ve de distinta manera a cuando se llega al Gobierno y esto le está ocurriendo a Pedro Sánchez tanto con la famosa lista de la amnistía fiscal, como con el peliagudo problema de la emigración. Deben reflexionar si concertinas, sí o no o todo lo contrario; dar alguna explicación sobre las relaciones con Marruecos para, por ejemplo, saber como va a gestionar el país vecino los 500 millones de euros que al parecer la UE va a dar al ejecutivo marroquí.
Lo que no se arregla con decreto, y eso lo sabemos todos, es la situación catalana. El Gobierno ha optado por rebajar tensión e intentar el diálogo. No quiere ruido, pero son los independentistas los que se encargan de hacerlo todos los días. Desde declaraciones claramente irrespetuosas hacia el Jefe del Estado a invitaciones a luchar contra el injusto Estado español, hasta pedir explicaciones al ministro de Interior porque al parecer un guardia civil retiró un lazo amarillo, sin olvidar la apertura de nuevas sedes en el extranjero. De la noche a la mañana, el señor Torra ha dejado de ser un supremacista. Bien estaría que el Ministro de Exteriores, el señor Borrell, tomara la palabra y recordara las suyas propias y mucho mejor que al menos de vez en cuando el Presidente del Gobierno dijera alguna palabrita para que quedara claro que lo suyo no es apaciguamiento. Sabe como nadie que nunca va a poder satisfacer las aspiraciones ultimas del secesionista y no deja de resultar curioso que el Gobierno sea más duro en su dialéctica con los constitucionalistas que con aquellos que están por la ruptura del orden constitucional. Tan curioso que algunos barones ya comienzan a mostrar su desacuerdo. Ahí están, de momento, la presidenta de Andalucía y el presidente de Aragón. Si el Gobierno no rectifica, vendrán más y la situación lejos de mejorar se esta enredando en una peligrosa madeja.
Y mientras todo esto ocurre y mientras Podemos anuncia acuerdos que el Gobierno aun no ha confirmado oficialmente, y que si se confirman el Senado puede quedar reducido a casi, casi una reliquia. Para tener 84 escaños hay que reconocer que han entrado como elefante en cacharrería y no por la exhumación de Franco, a la que nadie, salvo minorías muy minorías, se opone y que debería haber sido abordada desde el consenso más amplio posible, al que el Gobierno ha renunciado desde el minuto uno.