El futuro del PP

Dijo Aznar en el transcurso de su intervención en la Convención que el PP ha celebrado en Madrid este pasado fin de semana, que de todos los presidentes que ha tenido su partido -Fraga, Rajoy y el propio Aznar- el que más difícil lo tiene es el actual, elegido en primarias hace siete meses, Pablo Casado. Y no le falta razón al ex-Presidente del Gobierno. La tarea que tiene por delante el nuevo líder del PP es muy complicada y difícil de predecir a día de hoy cómo puede acabar.
Pablo Casado recibió de Rajoy un PP muy debilitado en lo ideológico, en el liderazgo ante la sociedad y muy tocado por los diferentes casos de corrupción. Desde el Congreso que el partido celebró en Valencia en 2008, tras perder Rajoy sus segundas elecciones frente a Zapatero, el PP empezó a perder sus señas de identidad. En las elecciones generales de 2011 los españoles le dieron la mayoría absoluta, no tanto por méritos propios, sino por deméritos del gobierno de Zapatero. Después, en los siete años que estuvo en el poder, el PP se convirtió en una maquinaria burocrática, que administraba decentemente la cosa pública, pero que no dio otras batallas para las que también se le había votado: no derogó la Ley de Memoria Histórica de Zapatero; no modificó la ley del aborto; ofendió a las víctimas del terrorismo con la liberación de Bolinaga y ante el desafío secesionista de Cataluña, tuvo una postura tibia y timorata, con la aplicación tarde y mal del artículo 155 de la Constitución.
Todo eso le costó al PP perder unos cuatro millones de votos y el surgimiento a su derecha de un partido como VOX que, tras su excelente resultado en Andalucía, parece evidente que ha venido para quedarse. Las dinámicas sociales son normalmente imparables, y lo que le puede suceder a Casado es que, a pesar de su buena voluntad, de sus ganas de volver a recuperar las esencias ideológicas que hicieron del PP el gran referente del centro-derecha, todo esto llegue algo tarde. Hay un sector de la ciudadanía que está literalmente harta de que le engañen, de que los partidos a los que votan no cumplan lo que prometen, y han tomado la decisión de cambiar de casa. Así, en buena medida, se explica el fenómeno VOX.
Las próximas elecciones europeas, municipales y autonómicas del próximo mes de mayo van a ser el gran test para Casado al frente del PP. Dependiendo del resultado que su partido consiga, de los lugares en los que conserve o no el poder institucional y, lógicamente, del resultado que saquen tanto VOX como Ciudadanos, se podrá hacer un pronóstico más certero sobre el futuro que tiene el PP. De momento, no es que sea del todo negro, pero desde luego hay muchos grises en el horizonte.