Paternidad intransferible

Paternidad intransferible

Hace unas semanas, hablando de hijos y de carrera profesional una conocida me dijo que ella había decidido no ser madre: “Yo lo tengo claro, sé que si quiero alcanzar el éxito profesional no puedo tener hijos”. Me pareció lapidario y, sobre todo, injusto.
Hoy, trabajando en un proyecto sobre mujer y tecnología, otra amiga me cuenta que sacrificó un porvenir profesional de éxito y dinero por seguir a su marido y formar familia.
¿Algún hombre se habrá visto en la tesitura de elegir entre su carrera profesional o traer hijos al mundo? Me temo que muy pocos. 
Optar por no ser madre me parece totalmente legítimo pero renunciar a la maternidad para poder desarrollar una carrera profesional plena me parece un castigo.
Es muy probable que la idea de elegir entre maternidad y trabajo esté ya tan enquistada en nuestro comportamiento social que se nos antoje un mal menor, algo así como elegir entre vivir en el centro de la ciudad o en las afueras. Cada cosa tiene sus inconvenientes. Una banalización y simplificación aterradoras.
Una sociedad de progreso,  donde las libertades individuales son reivindicadas desde todos los foros e instituciones, donde la igualdad y el bienestar son banderas que salen a la calle a diario. no puede permitir que las mujeres, la mitad de la población, tengan que elegir entre trabajo y maternidad. 
Las que deciden desafiar el reto e intentar llevar a cabo las dos cosas lo consiguen con sacrificios, culpas, renuncias y –ante todo- con la imprescindible red de apoyo familiar para conseguirlo. Por ello es tan necesario que la legislación vaya dando pasos en aras de compensar el lastre laboral que supone la maternidad para millones de mujeres.
Hace más de un año que está en el Congreso de los Diputados un informe sobre las medidas necesarias para incrementar los niveles de conciliación. Una de ellas es fundamental y podría tener un efecto inmediato sobre este lastre que abruma a las españolas. Me refiero a los permisos de paternidad intransferibles.  
En la actualidad los hombres pueden, si lo desean, asumir parte de la baja por maternidad. Lamentablemente son una ínfima minoría los que optan por ello, si bien es cierto también que  muchas mujeres no desean compartir la baja y prefieren disfrutarla íntegramente. 
Esta voluntariedad hace que la brecha laboral entre hombres y mujeres se incremente. La mujer carga con el estigma de que llegado el momento de tener hijos será ella quien asuma la totalidad de la baja. El segundo acto es la reducción de jornada o las bajas por cuidado de los pequeños. Todos estos mecanismos de apoyo a la maternidad tienen un efecto perverso y es que alejan a la mujer de la igualdad laboral necesaria, la posicionan como una trabajadora con “cargas”. 
El informe citado lleva entre sus propuestas que las bajas sean repartidas entre los progenitores y sean  obligatorias e intransferibles, es decir, que cada uno debe asumir su parte.  La medida rompería con este círculo vicioso donde el empresario discrimina de manera soterrada a las mujeres tanto en la contratación como en la propia promoción laboral. Es una medida simple, justa y que reparte de manera paritaria la responsabilidad de traer hijos al mundo.

(*) Presidenta de Executivas de Galicia.