La minifalda

Está claro que a veces nos quedamos con una imagen superficial de las cosas, que nos impide ver el fondo. Es lo que le ha sucedido a la secretaria de Estado de Comercio, María Luisa Poncela, que se ha dado a conocer en todos los medios por el largo del vestido utilizado en una reunión en Arabia Saudí.
 Vayamos por partes. De más está decirles que Arabia Saudí no es un país para mujeres. Si a las saudíes se les prohibe conducir, ir a las mismas universidades que los hombres, o enseñar su pelo o brazos, a las extranjeras que les visitan les “recomiendan” ponerse la abaya (túnica negra) y el velo para tapar su rostro. El asunto es que nuestra secretaria de estado decidió hacer oídos sordos a las sugerencias saudíes y se vistió como se hubiese vestido en cualquier ciudad del mundo. Ni tapó su cuerpo, ni escondió su pelo ni su rostro con el velo.
Varias aspectos llaman mi atención. El primero es que la supuesta minifalda tenga más éxito en los medios que el propio contenido del viaje -y digo “supuesta” porque tampoco el era vestido tan corto-. Y otro hecho realmente relevante: María Luisa Poncela es la única mujer de la delegación empresarial que acompaña al Rey Felipe VI al país árabe.
Y este sí que es un elemento preocupante de verdad: que casi no haya mujeres en esa delegación. Así, la anécdota vuelve a tapar lo sustancial: la “minifalda” a las ausencias; al hecho bien nuestro de que las mujeres no están en esa delegación porque mayoritariamente no están a la cabeza de las empresas.
Hemos visto a la ministra de Fomento Ana Pastor negociar en Arabia Saudí (con velo), hemos visto a Michelle Obama acompañar a su marido a ese país (sin velo) o a la responsable de la UE para Asuntos Exteriores, Federica Mogherini. Todas representantes de administraciones públicas. Pero en las delegaciones empresariales ellas brillan por su ausencia.
Me parece muy bien que María Luisa Poncela optara por no ponerse ni túnica ni velo. Más aún cuando en el propio protocolo saudí no lo exigen, aunque lo recomiendan encarecidamente. Es sin duda un gesto que le honra, es un símbolo de dignidad y defensa de su identidad como persona que se sitúa al mismo nivel que sus compañeros de viaje. 
En la medida que este acto no implique un impedimento para conseguir los objetivos de la comitiva, me parece que no se debe desperdiciar la ocasión de transmitir el mensaje de plena equidad entre mujeres y hombres. Dicho esto, me parecería absurdo que ponerse o no el velo incidiera en el cierre de un negocio que miles de trabajadores esperan como agua de mayo. Este viaje representa la oportunidad de conseguir un contrato de más de 2.000 millones de euros para Navantia. Si los saudíes ratifican este encargo, los astilleros de Ferrol tendrían trabajo para cinco años. ¿Qué quieren que les diga? ¿De verdad será cierto que una minifalda podría decidir el futuro de miles de familias?