Marine

Por primera vez en la historia de Francia una mujer tiene posibilidades reales de presidir la República, unque el balotage parezca inclinarse más hacia su oponente varón. Sin embargo nadie, ni los medios, ni sus contrincantes, ni siquiera sus propios votantes recuerdan la condición femenina de Marine Le Pen. Es cierto que ha dicho que ya era hora de que una mujer mandara en el Eliseo, pero está claro que tampoco ha utilizado de manera relevante este argumento. Es más, en su programa es difícil encontrar alguna mención a la lucha por la igualdad de género.
Cuando Hilary Clinton presentó su candidatura, el mundo se convulsionó ante la posibilidad de que una mujer dirigiera los destinos de la primera potencia del planeta.  Buena parte del argumentario de campaña giró en torno a su condición femenina. Lo mismo sucedió con otras mujeres como Michelle Bachelet en Chile, pero Marine Le Pen parece ser del estilo de Frau Merkel, de Margaret Thatcher o de su sucesora, Theresa May.  En todos estos casos el hecho de ser mujer parece ser un elemento absolutamente circunstancial, una característica sin trascendencia para la figura política. Dicho de otro modo, la condición política de todas estas grandes líderes no parece estar condicionada en ningún caso por su sexo.
Ángela, Margaret, Theresa o Marine hubiesen podido ser varones y seguramente habrían actuado políticamente de manera idéntica a como lo han hecho siendo mujeres. Mi duda -que me atrevo a compartir con ustedes- es saber si debemos exigirles a estas mujeres que actúen como tal. Si están obligadas (por su condición femenina) a izar la bandera de la igualdad de sexos y actuar en consecuencia. Me pregunto si podemos reprocharle a la señora Le Pen que no sea una adalid de la defensa de la paridad y la igualdad. ¿Acaso no cabe una lectura distinta de las cosas?
Tal vez el comportamiento de la señora Le Pen traslade una imagen de normalidad en la presencia de las mujeres en los puestos más altos de la política, que resulte más eficaz que largas letanías en los discursos políticos en favor de la equidad entre sexos de algunos dirigentes. Y en este punto debo aclarar que no comparto ni un ápice su ideario político; no se trata -como usted habrá entendido- de identificarme con sus planteamientos, sino de plantear una lectura distinta de las herramientas en favor de la paridad entre sexos.
Tal vez el hecho de que mujeres como Marine Le Pen, Ángela Merkel o Theresa May no reivindiquen su condición de mujeres tiene el efecto positivo de normalizar la imagen femenina en los cargos de mayor relevancia y conseguir que sea percibida por todos nosotros como una presencia natural.
La cuestión, en definitiva, es que pueden recorrerse distintos caminos para alcanzar el mismo destino: avanzar en que las mujeres tengan igualdad de oportunidades. Y este también puede ser uno de ellos... O no.
* Presidenta de Executivas de Galicia