El doble sentido del cambio

El doble sentido del cambio

Vivimos tiempos convulsos, tiempos de cambio. Esta frase hecha, que se puede aplicar a cualquier momento de nuestra historia, cobra todo su sentido cuando hablamos de la fe, de las religiones; esto es, del mundo de lo inamovible por excelencia.
Desde el Vaticano, Francisco reclama una mayor presencia y protagonismo de las mujeres en la iglesia, aunque cierra las puertas a que ellas ejerzan el sacerdocio. Existe un movimiento importante en el seno de la Iglesia católica que promueve esta apertura, pero el Papa Francisco sólo reconoce una “teología femenina” y renuncia a la máxima reivindicación del movimiento femenino de la iglesia, que las mujeres puedan ordenarse sacerdotes.
A pesar de la negativa del Papa Francisco el debate seguirá abierto y cabe pensar que tarde o temprano la jerarquía deberá replantearse las cosas si no quiere que las voces femeninas se alejen más aún de sus conventos.
En el mundo islámico también corren vientos de cambio. En el país más machista y discriminatorio, Arabia Saudí, las autoridades religiosas aceptaron recientemente que las mujeres pudiesen votar y ser votadas. Fueron pocas las electas pero lo importante es que las puertas se han abierto. Difícilmente volverán a cerrarse. Es cierto que la barbarie del Estado Islámico nos retrae día tras día a la edad media pero su extremismo obliga al resto del mundo árabe precisamente a lo contrario, a otorgar más libertades y mayor espacio a la participación femenina.
El judaísmo ortodoxo tampoco queda al margen. Este año las Mujeres del Muro (asociación de mujeres religiosas judías) consiguieron, después de más de 30 años de lucha, que se aprobara una resolución que permitirá rezar a hombres y mujeres juntos en una zona del  Muro de los Lamentos, el mayor santuario del judaísmo. Hasta ahora las mujeres debían rezar en silencio y en explanadas separadas. Eso sí, esto no se ha conseguido por consenso. Al contrario, para los ortodoxos judíos se trata de una “profanación del nombre de Dios que llevará años reparar” pero el Ejecutivo israelí parece decidido a no dar marcha atrás. De hecho destina más de diez millones de dólares para establecer una nueva explanada. 
Todos estos avances en el reconocimiento del rol de las mujeres y de su necesaria participación en las distintas culturas y creencias del mundo no dejan de estar en las manos de seres humanos, en su gran mayoría masculinas. Por tanto, de la misma manera que hoy van en el sentido del progreso y de la justicia pueden en el futuro dar marcha atrás. Y para muestra, un botón:
No hace falta irnos a Oriente Medio o al Africa negra para comprobarlo.
Produce escalofríos constatar la inercia pasiva con la que vemos y nos cuentan que dos chavalas fueron asesinadas por sus parejas el pasado fin de semana: una tenía 22 y la otra 24 años. El presentador del telediario nos lo cuenta entre el tiempo y la primitiva de la misma manera que nos habla de los atascos veraniegos. 
Escalofríos produce comprobar que en pleno siglo XXI en España, Estado avanzado y progresista, haya que hacer campaña contra el acoso sexual y las violaciones en las calles de, por ejemplo, Pamplona. Las cosas cambian, sí, pero no siempre en el buen sentido.

(*) Presidenta de Executivas de Galicia.