El desayuno a debate

El desayuno a debate

Hace unos días, un grupo de madres de adolescentes acabó enzarzándose en un agrio debate  planteado en la red que giraba en torno a la defensa de los desayunos con los que sus respectivos hijos iniciaban su jornada y el correspondiente ataque -cada vez más furibundo por cierto- al que utilizaban las demás. La primera en hacerlo fue aquella que se mostraba fiel al desayuno de toda la vida y que recomendaba leche con cacao y galletas. Inmediatamente recibió la apasionada respuesta de la que consideraba las galletas como altamente nocivas para la salud de los pequeños porque en ellas se concentraban azúcares y grasas perniciosas, sustancias conservantes y todo un catálogo de elementos que chocaban abiertamente con la consideración de un desayuno sano. Esta última mamá se pasó en su grado de apasionamiento y el diálogo siguió subiendo de tono especialmente cuando terció una nueva quien publicó una foto de su niño desayunando garbanzos, lo que escandalizó aún más a la defensora de la propuesta naturista –pan integral con semillas, aceite de oliva virgen extra, leche de almendras, dos piezas de fruta, etc.- quien terminó acusándola de irresponsable por darle a su retoño en el desayuno aquel tazón de garbanzos  que terminaría por convertirlo en un niño mal alimentado y encima obeso. La aludida se plantó argumentando que eso se había consumido toda la vida en su casa y todos habían crecido sanos y hermosos y que nadie era nadie para determinar cómo alimentar a sus hijos y menos con insultos y humillaciones. Ignoro si a estas horas continúa la polémica pero no tendría nada de particular. Una cadena de televisión se dio cita en sus estudios con nutricionistas, médicos, maestros, entrenadores y cocineros para definir cuál era el desayuno más adecuado para ir al cole. El cocinero argumentó por ejemplo que un desayuno con galletas estaba muy bien siempre que las galletas se hicieran en casa, y una parte del programa se desarrolló en la calle preguntando por sus desayunos a la  gente corriente.
El resultado fue el esperado, y al español la dietética le importa un rábano más que nada porque no puede cumplirla.   Me pregunto yo cómo pueden arreglárselas las madres a la hora del desayuno para hornear sus propias galletas. Y alterados por la prisa y los horarios, los trabajadores de primea hora de la mañana van a seguir las normas de un desayuno dietéticamente correcto. Café con un par de churros y a correr…
Esta es la vida misma, para lo malo y para lo bueno. Y lo otro son cuentos.