Ante un nuevo año

Ante un nuevo año

Comenzamos un nuevo año y con ello, como ante cualquier cosa nueva, renace la esperanza se avivan las ilusiones y los anhelos de cosas buenas ocupan nuestros pensamientos. Porque falta hacen los anhelos, las ilusiones y grandes dosis de esperanza de un tiempo de cosas buenas. El año que acaba de finiquitar nos ha deparado de todo y casi todo ello ha encrespado la convivencia y turbado la paz. Porque dicho sea con toda la fuerza ¿algún día reinará la verdadera paz en este mundo con tantas zozobras? Esperemos que así sea y que la cordura renazca, el buen sentido impere y los pueblos se entiendan que falta nos hace.
Por eso nuestro grito acaso desesperado va por esa senda. Creo que lo más necesario es precisamente eso: la paz en el mundo. Todo lo demás vendrá por añadidura. Y para ello el terrorismo, la intolerancia y el sectarismo tendrían que desaparecer de una vez. ¡Ya está bien! Lo padecimos con ETA durante décadas pero ahora nos atosiga el miedo de un grupo de desalmados que a cualquier hora pueden dar el golpe nuevamente.
Aun cuando algunos sostengan lo contrario, creemos que la labor de las religiones es fundamental, porque deben ser grupos creadores de convivencia y entendimiento. Sobre todo las monoteístas están llamadas a entenderse, convocadas a vivir y dejar vivir. Comunidades que sostengan la laicidad y nunca el laicismo; el amor y nunca la guerra; el amor y nunca el odio y persecución del contrario. Porque están llamadas a predicar un mundo guiado por la cultura del ser y del espíritu que nunca debe ser agresivo y luchar siempre en contra del materialismo agobiante de una sociedad de consumo que prima el tener olvidando y relegando lo fundamental que es el ser, los sentimientos y el corazón. En este empeño debieran moverse las religiones. Un mundo sin religión sería un planeta sin valores espirituales que son los que mueven el mundo. Si convertimos al ateísmo en una nueva religión estamos destruyendo las esencias del ser humano. Al menos eso creo.
Entonces ese clamor y ese grito por la paz debiera llevar a la ayuda eficaz para que en cada país sus habitantes pudiesen vivir sin sobresaltos. Rotundamente negamos que haya problema de medios para socorrer el hambre. Es una riqueza mal distribuida capaz de tirar al mar toneladas de productos para que el desaforado capitalismo pueda mantener los precios. La inmigración es un problema creo que mal resuelto por las autoridades mundiales que miran al oro negro que es el petróleo olvidando lo fundamental que son los derechos humanos. ¿Para qué sirven la ONU y demás organismos internacionales si son incapaces de dar soluciones eficaces? Todos estos problemas y más han quedado sobre la mesa el año que terminó y quisiéramos mantener la esperanza aún cuando se nos llame utópicos o se nos tache de demagogos. ¡Qué más da!
Y también un SOS urgente por la democracia y la clase política. Mucho nos tememos que unos cuantos desaprensivos y oportunistas están dando al traste con el preciado bien de la democracia tanto aquí como allende los mares. En todas partes las sociedades llamadas demócratas están sufriendo duros y contundentes ataques y ojalá la cosa quede ahí. Llegan a la política elementos que van a lo suyo y que entienden el menos malo de los sistemas políticos como un lugar de lucro. Esa es la triste realidad. Los únicos que económicamente han estado al margen de las crisis son los políticos. Mucho nos tememos que con elementos como algunos la sociedad se encamine irremediablemente a temidas y rechazables dictaduras.
Que mañana los Reyes nos traigan mucha bondad, valores, paz y cordura.