Vuelve Aznar

Volvió Aznar. Más español que nunca, según dice Pilar Rahola (ERC) con "animus injuriandi". Algo de eso hubo en las arremetidas del expresidente del Gobierno contra el eje del mal. Es decir, contra los enemigos del orden constitucional, que fue el burladero de su lavado de manos frente a los casos de corrupción adheridos a las siglas del PP.
A saber: el pasado terrorista de Bildu (Oskar Matute), el golpismo del nacionalismo catalán (Gabriel Rufián) y el populismo de un "enemigo de la democracia" (Pablo M. Iglesias). De ese argumentario tiró Aznar en sus detonaciones verbales del martes pasado ante la comisión parlamentaria que investiga la financiación irregular de su partido.
Salió vivo. Era previsible en una figura curtida en las luchas de poder y las frustraciones mal llevadas desde el 14 de mayo de 2004 (aquel domingo de urnas que siguió a un jueves de sangre). No fueron suficientes los reproches políticos y judiciales sobre las malas prácticas de su partido para inducir siguiera un punto de contrición respecto a las habidas en su época de presidente del Gobierno y líder del PP.
Esta vez no hubo amnesia selectiva, como venía siendo habitual entre los dirigentes del PP que le precedieron en el arte de echar balones fuera. No. En el caso de Aznar ha sido la altivez y los burladeros más recurrentes cuando se trata de asuntos judicializados. Por ejemplo, la presunción de inocencia, la carga de la prueba (son los acusadores quienes han de demostrarlo) o que la pieza central de la condena por el caso Gürtel (la que habla de una corrupción sistémica en el PP) aún no tenga carácter de sentencia firme.
Solo con una desvergonzada carga de cinismo en su discurso puede sostener Aznar, sin forzar un músculo de la cara, que su PP siempre combatió denodadamente contra la corrupción, que jamás oyó hablar de una caja B en la contabilidad de su partido, que no conocía de nada a Francisco Correa (invitado en la boda de su hija), que las finanzas del partido no eran cosa suya y que no tiene que pedir perdón por nada, ni siquiera por omisión.
Los distintos portavoces se fueron indignando por turnos. Sin lograr que el bicho entrase al trapo. Ni siquiera cuando Rafael Simancas (PSOE) le provocó citando a los quejosos compañeros que acusan a Aznar de haberse tenido que comer "toda su mierda". El interesado hizo como si no lo hubiera oído. Y luego puso en marcha el ventilador, recordando que Filesa fue antes que Gürtel, para rematar con los 320 cargos socialistas hoy por hoy afectados por los ERE.
Así que se avaló a sí mismo en su compromiso con la decencia y salió crecido de su comparecencia. Crecido y convencido de que había ganado por goleada. En eso tiene razón.