Vísperas con nubarrones

Vísperas con nubarrones

En vísperas de la Diada se ofrece a los analistas el contraste entre un supuesto acercamiento Gobierno-Generalitat, visualizado en la junta de seguridad reunida este jueves en Barcelona, y el ardiente discurso de Quim Torra, de aparente resistencia a los antiinflamatorios y la música de violines.
Es verdad que mientras no pase de las palabras a los hechos la Cataluña independiente de Torra viene a ser como la sociedad sin clases de Willy Toledo. Pero también es verdad que el presidente de la Generalitat se ha comprometido a hacer efectivas las catorce leyes catalanas tumbadas por el TC, a no acatar las sentencias judiciales por el "proces" si no son absolutorias y, en ese caso en forma de velada amenaza, a abrir las puertas de las cárceles a los dirigentes nacionalistas encarcelados si así lo dispone el Parlament.
Todo ello, en nombre de un existente titulo de soberanía catalana como única fuente de legitimidad. Y, lo que es más aberrante, en nombre de media Cataluña con desvergonzada ignorancia de la otra media. Algo que escandaliza al mismísimo lehendakari Urkullu, cuya respuesta a quienes le invitan a seguir la vía catalana hacia una Euskadi independiente es la siguiente: "Tengo que preocuparme de los derechos de las mayorías y de las minorías. Se trata de ser conscientes de cual es el momento y la realidad social".
Palabras que firmaría el presidente del Gobierno, o los líderes de los dos grandes partidos de adhesión constitucional, Pablo Casado y Albert Rivera. Y no creo que a nadie se le ocurra detectar un inesperado ataque de españolismo en una figura del nacionalismo vasco como Iñigo Urkullu.
No se le ha ocurrido al portavoz de ERC en el Congreso, Joan Tardá, independentista donde los haya. Reconoce que, del mismo modo que no se puede imponer el autonomismo a la mitad de los catalanes que quieren la independencia, "sería de imbéciles creer que la mitad de los catalanes puede imponer el independentismo a la otra media" ¿Es ese un indicio de una supuesta fractura en el bloque separatista?
Tampoco es nuevo que hay discrepancias entre las dos grandes fuerzas nacionalistas empeñadas en avanzar hacia una republica catalana desconectada de España. Digamos que la fractura se oculta bajo el discurso que les une respecto a una posible condena penal de sus dirigentes encarcelados. El propio Tardá dice también que si las sentencias no son absolutorias "todo puede saltar por los aires".
Esperemos que los nubarrones se despejen un tanto tras los acuerdos sobre la neutralidad de los ayuntamientos en el uso de espacios públicos y la integración de los Mossos en el Centro de Inteligencia contra el terrorismo.