Sánchez, desestabilizado

Sánchez, desestabilizado

En la semana negra de Pedro Sánchez ha rebotado la pregunta que en el hoy presidente del Gobierno hizo durante el debate sobre la moción de censura (31 mayo) a su antecesor en el cargo, Mariano Rajoy. La pregunta está en el registro del Congreso desde el jueves pasado. Y reza tal que así:
"¿Qué más tiene que pasar, señor Sánchez, para que entienda que su permanencia al frente de la presidencia del Gobierno es dañina y es un lastre, no solamente para el país sino para su propio partido?".
Esa es la cita, con la sola alteración del nombre del destinatario. Antes era el "señor Rajoy". Ahora pasa a ser "señor Sánchez". Y esa es la textualidad de la pregunta que el líder del PP, Pablo Casado, dirigirá al presidente del Gobierno en la sesión de control del miércoles que viene.
Vale como metáfora insumisa del nuevo Ejecutivo socialista al cumplirse sus cien primeros días, coronados con una serie de acontecimientos que dejan al gobierno "bonito" perdido en la polvareda. A pesar de la "coherencia" predicada por Sánchez como clave de bóveda de su proyecto hasta 2.030.
El patinazo con Maxim Huerta, el ministro más efímero de la moderna democracia española, se había quedado en un disculpable error de principiantes. Pero la segunda caída de otro ministro (ministra, en este caso, Carmen Montón) convertía la anécdota en categoría: falta de rigor en la política de nombramientos.
Peor aún: falta de coordinación en el funcionamiento de los equipos. Así quedó demostrado con la contribución de los ministros Robles y Borrell a la semana negra. Aquella, haciendo pública una decisión que tendría que rectificarse setenta y dos horas después (bombas y mantequilla para los trabajadores de Navantia). Y éste, con sus alusiones a la "nación" catalana y su preferencia personal por la excarcelación de los dirigentes nacionalistas catalanes, que venían a alimentar la sospecha de pactos bajo la mesa con estos.
No podía faltar la contribución del propio Sánchez al colmo de las desgracias que se cebaron en la imagen del gobierno "bonito" durante siete días que Sánchez no olvidará fácilmente. Me refiero al culebrón de su controvertida tesis doctoral sobre la diplomacia económica sobre la que cabalgaron las grandes multinacionales españoles (2000-2012) para mejorar la marca de país en el mundo. Todo indica que el asunto se va a quedar en nada por falta de argumentos de peso que revelen una mala practica. Pero para la historia va a quedar la cara que le puso a Sánchez al líder de Ciudadanos cuando se cruzaron en el Congreso después de que Albert Rivera le pusiera a los pies de los caballos con su aireada pregunta sobre el máster del presidente en la Universidad Camilo José Cela.
Continuará.