Hablar por no callar

Hablar por no callar

El mensaje del Rey no ha sido suficiente para compensar la sequía informativa de las fiestas navideñas. La máquina sobrecargada de combustible catalán no frena en seco. Los circuitos necesitan alimentarse. Sobre todo si viven de la política.
Así que toca tirar de enlatados o poner y reponer en circulación nuevas apuestas sobre los enredos de Aznar, la gobernabilidad de Cataluña, la sucesión de Rajoy, la debacle catalana del PP y las consecuencias institucionales del horizonte judicial de los líderes independentistas hoy por hoy prófugos, encarcelados o en libertad provisional.
Hablar por no callar, vamos. En una de esas entregas coincide la pulsión informativa y su desmentido. Es decir, el anuncio de lo que va a ocurrir aclarando a renglón seguido que no ocurrirá. En la misma tacada. Por un lado, se anuncia la reapertura del debate sucesorio en la cúpula del PP, incluidos los nombres de los aspirantes, como si ya hubiera empezado la carrera. Y por otro, se matiza: "eso no parece que vaya a pasar pronto".
Uno se pregunta a cuento de qué se relaciona el batacazo catalán del PP con la sucesión de Rajoy, metiendo en danza a Soraya, Feijóo, Cifuentes y Cospedal, para cuando llegue el adiós del jefe. La misma pieza informativa se refiere a una sucesión "que no parece cerca". ¿Entonces, a qué viene sacarla a relucir si la propia lejanía del acontecimiento es, en si misma, una caja de sorpresas? Siempre lo fue el tiempo político en el calendario.
De fondo, la insinuación de un hermanamiento de Ciudadanos y el PSOE en la denuncia del quietismo marianista. Una forma de alinearse con las apelaciones reformistas de Felipe VI. El primer titular de un diario madrileño resaltaba dos días después, con la actualidad congelada por el frío y las celebraciones, la demanda de esos dos partidos al presidente del Gobierno: "que escuche al Rey y salga del inmovilismo".
Sin embargo, a ningún lector se le ha pasado por la cabeza que Sánchez y Rivera hubieran interrumpido sus respectivas citas familiares para concertar una ofensiva contra Rajoy por cuenta de las palabras del Rey: "Nadie desea una España paralizada o conformista".
Evidentemente, ni Rajoy ni su partido se tomaron el recado como si fuera dirigido solo a ellos. De hecho, el vicesecretario general de Comunicación del PP, Pablo Casado, peinó el llamamiento reformista del Rey sin darse por aludido: "Hay que pasar página e iniciar una agenda reformista en España". Más previsible fue la reacción del independentismo catalán. Critican al Rey por aparecer alineado con el artículo 155 de la Constitución. Por supuesto. Lo raro es que se alinease con la ley de transitoriedad jurídica, uno de los desafueros perpetrados cometidos por el Parlament con los votos de quienes apostaron, y perdieron, por la república independiente de Cataluña.