Nos ha despistado la catalanada

Nos ha despistado la catalanada

Tanta serie inglesa de televisión vista durante las últimas semanas me ha llevado a la relectura de algunos poetas ingleses que creía tener medio olvidados. Empecé recordando los versos de T.S.Elliot, ya saben, abril es un mes cruel y todas esas cosas y luego, sin saber por qué, me vinieron a la mente los de Emily Dickinson que retengo en la memoria desde la adolescencia To make a prairie it takes a clover and one bee,/ One clover, and a bee./And revery./The revery alone will do,/if bees are few que no creo que tengan mucho que ver con abril y sus crueldades sino con el estío y las suyas, que también las tiene. En todo caso, disimúlenme el alarde porque los recién escritos deben ser los únicos versos escritos en inglés que me sé de memoria y un día es una día y un peso bien se gasta.
El caso es que del británico Elliot y de Dickinson, que no era inglesa sino yanqui de Massachusetts, salté quizá de un modo irremediable, a Wystan Hugh Auden, más, conocido como W.H. Auden que, siendo británico, se nacionalizó como ciudadano estadounidense acaso por estar a medio camino entre uno y otra de los anteriores. Después continué leyendo "Una breve historia de… Winston Churchill" que así es como la editorial nowtilus titula el libro de José-Vidal Pelaz López. Decididamente los británicos son unos grandes actores. Ya les hablaré de ella.
Sin embargo en lo que mi cabeza quedó rondando no fue algo relacionado ni con los poetas y sus versos, ni tampoco en el político y sus hazañas, sino con el compromiso que un intelectual como W.H. Auden mantuvo todo a lo largo de su vida; un compromiso del que parecen haber desertado la mayoría de los reales o supuestos intelectuales españoles a partir de aquel espectáculo ofrecido por un respetable grupo de ellos -en el que ciertamente había de todo- consistente en ofrecer sus dedos índices arqueados casi en ángulo recto y superpuestos a sus respectivas y más o menos pobladas cejas como mejor explicación de su adhesión inquebrantable. Como para que después hablemos de los emoticones y sus usos perniciosos.
Desde entonces hasta que Albert Boadella ofició de lo que es; es decir, interpretando o interpretándose como presidente de esa Tabarnia que algunos dicen Bartania como si entre una taberna y un bar hubiese mucha diferencia...que alguna hay, sin duda; desde entonces, les decía, desde los de la ceja, este que les escribe no había vuelto a ver una aportación intelectual tan sólida como la ofrecida por el payaso. Pero vayamos a lo que íbamos.
En algún lugar de sus escritos dejó constancia W.H. Auden de que nunca conoció a "un intelectual de izquierdas para el que el verdadero atractivo del comunismo no residiese en la romántica promesa de que con su triunfo el Estado desaparecería"; algo que sin duda sucedería siguiendo el proceso tomista de la tesis, la antítesis y la síntesis del que tanta mano echaba Santo Tomas de Aquino. También Mao Zedong siguió asegurando que, al desaparecer la lucha de clases, aparecería lo que él llamó el Estado de la Gran Armonía: El Paraiso en la Tierra. ¿Se imaginan? ¡Todos angelitos!
A continuación de lo dicho, Auden se extendía haciéndolo a o por cuenta de los poemas de Roy Campbell -que en su momento apostó por el bando nacional en nuestra contienda civil- y constatando el hecho de que no resultase difícil comprender lo atractiva que le resultaba "una vida heroica de corridas de toros, carreras de automóviles, amor con mujeres hermosas y marchas magníficas hacia el amanecer, con la cabeza descubierta y el torso erguido" y concluía afirmando que "el destino de Gide y de Unamuno dan testimonio de lo que sucede cuando el sueño artístico se enfrenta a la realidad política". Algo así como lo que está sucediendo ahora.
La pregunta es la de si es esto lo que nos está pasando en los ámbitos antaño tan activos a la hora de ofrecer otra visión de la realidad reinante; es decir, de la realidad surgida desde estancias e instancias demasiado distanciadas de la realidad más común. Resulta ocioso recordar que el mundo no es el mismo contemplado desde la silla de una caballería o desde el sillín de una bicicleta, que si se contempla desde un sillón y a través de los cristales de una ventana que separa el despacho institucional del resto del común de los mortales.
Acaso se deba esto a que España no ha sido nunca un país de pensadores y filósofos, salvadas seas las excepciones, pero sí de pintores y poetas y sí de músicos y escultores, de modo que lo más próximo que podamos ofrecer sea el Pensamiento Navarro que desde Pamplona y generalmente por la callada se desenvuelve en medio de la realidad posiblemente más autonómica de todas las Españas. Pero en el resto y dicho sea demasiado precipitadamente, aunque solo sea por molestar, nada de nada; o si lo prefieren poco de poco, qué más dá. ¡Será que aquel sueño artístico salió tan malparado al enfrentarse a la realidad política?
Eso o si no que la catalanada nos ha despistado tanto a todos que todavía permanecemos en estado de shock sin saber por dónde nos llueve o se nos está derritiendo la sesera. Mientras tanto, en los países aledaños, sin duda que también en aquellos con los que limitamos por el norte, mar por medio, sí son capaces de reflexionar sobre la realidad que los determina y el espíritu colectivo que los mueve en un sentido o en otro. Tampoco es necesario que los pensantes compongan una multitud; al fin y al cabo Emily Dickinson podría tener razón y el ensueño solo sea posible si las abejas son pocas...pero pican. Claro que también pudiera querer decirnos otra cosa: clover es trebol, sí, pero to be in clover es vivir a cuerpo de rey. Como ven definitivamente hoy no dispongo de un gran día.