Mejor a besos que a mordiscos

Mejor a besos que a mordiscos

Hace años, bastantes años, que llegué a la nada fácil conclusión de que un país, cualquier país, se puede ir bandeando a pesar de estar siendo gobernando por una pandilla de insolventes o de imbéciles, de desinformados e incluso de cretinos. Sucede así cuando se trata de gente como la citada. Otra cosa es cuando se trata de una pandilla de mangantes. O de malvados. O de visionarios. También de fanáticos de una idea, sea esta cual sea y con independencia de la razón que encierre. Entonces la cosa se complica.
Ahora que ya estoy definitivamente convertido en un septuagenario y mi horizonte vital se muestra más cerrado y menos luminoso que nunca es llegado el momento de hacer este tipo de reflexiones que no sirven para nada, ni para nadie, pues siempre fue difícil el escarmiento en cabeza ajena. Les pondré algunos ejemplos de esos a los que me refiero y que efectivamente no sirven para nada. El caso es que siempre me interesaron mucho ese tipo de expresiones tales como "está para comérsela", referida esta a una señora digamos que de muy buen ver; "me lo comería a besos" hablando de un querubín de bucles dorados y tres años de edad; "está riquísima, de moja pan y come" hablando de la estupenda señora de antes. Incluso me interesan, este tipo de alusiones, a mi, que fui educado como los del resto de mi quinta, cuando atañen a varones y surgen en labios femeninos.
Dar un mordisco a algo constituye un deseo insatisfecho que reprimimos supongo que en aras de una convivencia en paz. Como cualquier otra represión de una tendencia, esta suele ser llevada a cabo con la sustitución por otra más llevadera; por ejemplo, la tendencia al mordisco no es nada improbable (eso pienso yo, pero tampoco me hagan mucho caso) que fuese sustituida por la tendencia al beso; algo así como un sucedáneo del mordisco actual y afortunadamente muy prodigado en sociedad; al menos en esas sociedades en las que los más apetecible no sería andar a mordiscos con gobernantes como los citados más arriba, tampoco a besos, pero sí a palos.
En nuestra propia sociedad somos bastante besucones, pero ignoro a que es debida tal tendencia. Hemos disfrutado de políticos empeñados en besar a cuanta señora se les pusiese por delante al tiempo que tendían una mano colgante y flácida a todo aquel que le tendiese la suya por muy educadamente que lo hiciese. Nunca entendí el por qué. El caso es que los países van trasteando como pueden, pese a los gobernantes malandros, entendido sea el término en su acepción venezolana, los besos a tutiplén y los fanáticos encaramados.
Un fanático encaramado es un ser ideológicamente cristalizado de modo que su mayor y mejor intención, porque puede tenerlas peores, es convencer a los demás de que sus verdades, las de demás, son falsas mientras que la suya es la única cierta. A mí, personalmente, me recuerdan a ese espécimen de creyente que fustiga a los ateos, a los que niegan la existencia de Dios, sin caer en la consideración de que, mientras que el ateo niega la existencia de un Ser Superior, estando censados unos tres mil dioses, ellos niegan la de dos mil novecientos noventa y nueve; es decir, un solo dios de diferencia. Vayamos, pues, con los fanáticos.
El otro día, mi ex alumno Pepe Solla, que tal como yo le auguré estuvo llamado desde siempre a ser el gran cocinero en el que se ha convertido, añadió algo a un cartel irreprochable. En ese cartel irreprochable se anuncia que cualquier lugar, reducto o local en el que se ostente se trata de un "espacio libre de violencia de género". Pepe Solla añadió de su puño y letra "y de Vox". Cualquiera entiende que lo es, que es libre de ella, tanto en cuanto que lo que pretende echar a un lado la formación política así llamada, Vox, son las disposiciones legales que contemplan como delitos los llevados a cabo en razón precisamente de esa violencia así ejercida. Muestra su rechazo a una intención, programáticamente expresada, y, en ejercicio de sus derechos, se alinea con todos los que libremente piensan que tal retroceso legal no es de recibo. El caso es que a Pepe Solla le ha caído encima la del pulpo.
Pepe Solla no ha colgado su cartel en la carta de Casa Solla, tampoco en la entrada de su restaurante, lo ha hecho en su cuenta personal de FB y por ello le han caído palos desde todos los lados ocupados por conspicuos inquisidores de las verdades y las vidas ajenas condenados, al parecer, a no tener ideas contrarias a las de estos nuevos Savonarolas. Se han volcado hasta en las páginas de Tripadvisor que ya anunció que las retiraría por entender que no afectan a la calidad de su cocina sino al ámbito de sus ideas.
Le ha sucedido lo mismo a Quique Domínguez, que también fue alumno del Colegio Estudio. Quique se posicionó contrario, como Pepe, a toda violencia sea esta machista o de otra índole. Quique es el actual candidato del Partido Popular a la alcaldía de Pontevedra. Me gusta pensar y sentirme orgulloso de que los dos aprendieron a pensar y a actuar así en el seno de sus propias familias, pero también en aquel Colegio Estudio que tuvo que cerrar sus puertas porque, en alguna medida, formaba así a sus alumnos. Mejor andar a besos que a mordiscos. Dios nos libre de que nos gobiernen algún día los fanáticos.