Cuestión de visibilidad

Cuestión de visibilidad

Vigo ya está en los  mapas del tiempo que emiten los telediarios nacionales. No es poco. En realidad es mucho: significa pasar del anonimato y la invisibilidad diaria a tener un reconocimiento expreso y visibilidad. Pero obviamente estamos muy lejos de una situación satisfactoria. Vigo tiene peso en Galicia pero todo cambia cuando se atraviesa el Telón de Grelos. No digamos más lejos, donde la única representación real de Vigo es el Celta, aunque ya no "suena" como hace unos años, cuando gobernaba el fútbol la trinidad Revivo-Mostovoi-Karpin. 
Hace unos días los medios nacionales se hacían eco de los festivales del Noroeste en Coruña, en tanto que el Marisquiño, pese a su innegable tirón, no acaba de aparecer en los destacados. El Marisquiño es un buen invento por cuanto se trata de un festival con impronta, espacio y bien dirigido a un público concreto. Además, está situado en el momento álgido del verano, así que todo sopla a favor para que continúe siendo el referente del verano vigués, pero por lo que se puede constatar no es así con respecto al estío gallego. No obstante, quizá acabe por serlo si continúa progresando. 
Vigo tiene un problema histórico de falta de imagen consecuencia en parte de su peculiar situación administrativa y política. Un ejemplo visible de lo contrario está en la plaza de España de Madrid: en el centro de la capital hay varios carteles que indican la salida hacia Galicia como "A Coruña". En los siguientes 600 kilómetros hay una constelación de indicadores con "A Coruña" mientras que la primera señal donde está Vigo se encuentra a 340 kilómetros de la llegada y es una "rara avis". La autovía sale de Madrid hacia Vigo y Coruña pero sólo aparece de forma insistente la capital herculina. Vigo, invisible.