Un programa elaborado por la cadena Cuatro, se proponía el pasado viernes desnudar abruptamente la ciudad de Vigo mostrando su rostro más mísero. El que permanece sumergido entre tinieblas en las sentinas más profundas y degradadas de una gran ciudad. El espacio ‘Callejeros’, que así se llama esta producción, se caracteriza por ahondar más allá de la superficie, recogiendo aspectos menos conocidos y más problemáticos de los grandes centros urbanos, un juego periodístico atractivo pero peligroso, si se utiliza sin el equilibrio y el contrapeso necesario que permita al espectador asistir, no sólo a las vertientes más inquietantes del escenario que se desea mostrar, sino también a las imágenes más cercanas a la realidad.
En el caso del programa dedicado a Vigo que ha levantado las naturales ampollas, los responsables de ‘Callejeros’ se han cebado. Decididos a enseñar lo peor de la ciudad, sus cámaras han buceado entre tinieblas mostrando la cara oculta, la más negra y desgraciada de todas las que se pueden mostrar. El alma oscura del Casco Vello con sus rostros más desfavorecidos y desquiciados. Las facetas de la degradación: yonquis, prostitutas, okupas, ruinas, suciedad, dolor, vicio y miseria. Un panorama estremecedor, probablemente uno de los más agrios escenarios ciudadanos mostrados sobre el país, en una pantalla de televisión nacional en los últimos años.
Todas las ciudades tienen su lado atroz y Vigo no es una excepción. El Casco Vello necesita ser recuperado con urgencia y está pidiendo a gritos una regeneración urbana y social. Pero por fortuna, Vigo no es exactamente así, y estas escenas temibles representan hechos aislados en una de las ciudades más seguras y confortables de España, aunque incluso en los mejores cestos exista alguna fruta estropeada. Cumple ahora tratar de remediar esta visión.