64.000 vecinos que se fueron

64.000 vecinos que se fueron

La crisis ha golpeado fuerte. Los datos del INE son contundentes: entre los residentes en Vigo y la provincia que se marcharon al extranjero y los que buscaron acomodo en otra zona de España ha habido 64.000 bajas en los padrones locales. Cierto que ha habido muchas altas. De hecho, el saldo no es del todo negativo gracias a que durante los primeros años de la crisis todavía había más llegadas que salidas. Lo grave reside en la tendencia marcada desde 2011. Ahí está el verdadero problema, de momento sin atajar pese a síntomas de mejoría. Por tanto, habrá que estar a los datos de 2014 -dentro de un año- para poder anotar que ha comenzado de verdad la recuperación o para lamentar que la cuesta abajo se mantiene.
Vigo se encuentra en un momento clave de su historia. En el siglo XX y también en el XXI hasta hace apenas tres años era el ayuntamiento gallego que más había crecido. Pero su declive resulta innegable y los datos se limitan a certificarlo. 
Lo dicen las frías y objetivas cifras económicas: el informe Ardán del Consorcio  Zona Franca ha registrado una brecha creciente entre el impacto de Vigo y su comarca sobre la economía gallega y el que provoca A Coruña a favor de ésta última ciudad: 15 puntos de diferencia, cuando una década atrás el saldo era favorable para los intereses de la Muy Leal, que entonces sí podía  presumir de ser la auténtica locomotora industrial y económica de la comunidad autónoma.
Lo dicen los números demográficos: en los dos últimos años la población ha caído en 2.500 personas y todo apunta a que la tendencia no va a cambiar a corto plazo. Por un lado, porque la llegada de inmigrantes se ha detenido y el fenómeno se sitúa en dirección contraria, pese a que Galicia necesita miles de personas cada año para mantenerse. Por otro, porque la natalidad también ha caído de forma brusca, por  la crisis, que afecta en todo, y quizá por un envejecimiento de la población que podría comenzar a mostrar su cara. Nada de ello es definitivo y hay tiempo para enderezar el rumbo, tanto en lo económico como en lo demográfico. Pero para ello hay que analizar la realidad y sacar conclusiones correctas. Nada de ello se hace, quizá incluso al contrario.