El Celta sigue sin encontrar el camino del gol y del triunfo ante su afición. Ayer no pasó del empate sin goles (0-0) en Balaídos ante el Salamanca, un resultado justo para los méritos de ambos. Ni siquiera el debú del delantero griego Papadopoulos contribuyó a que el Celta estuviese más acertado en ataque. El portero céltico Falcón incluso evitó la derrota de los vigueses al frustar una clara ocasión de los salmantinos. El Celta se sitúa a tres puntos de los puestos de descenso.

El griego Papadopoulos, que debutó en Balaídos, ayer en un remate. Foto: j.v. landín
Balaídos fue escenario ayer de una historia ya conocida y que empieza a escocer. El Celta fue mejor que el Salamanca —no mucho mejor, pero sí mejor—, el balón fue suyo y dispuso de ocasiones, algunas muy claras. Sin embargo, se topó de nuevo con su inoperancia en ataque. Por cuarta jornada consecutiva, los celestes no lograron marcar (el gol ante el Huesca lo hizo Corona en propia puerta) y se tuvieron que conformar con un punto, que si bien les aleja un poco más del descenso (está ahora a tres puntos), se torna insuficiente para dar el salto en la tabla que tantas veces han amagado y que nunca ha llegado. Eusebio reservaba ayer una revolución de la que Trashorras fue el principal y sorprendente perjudicado. El lucense, que el sábado decía estar en el mejor momento de la temporada, ni siquiera entró en la lista y con él se fueron a la grada otros dos futbolistas que fueron titulares ante el Numancia, Jordi y Toni. El técnico varió al completo la defensa con respecto al partido de Soria y dispuso un once más parecido al de la Copa que al de Liga. En él, entre otras novedades, llamaba la atención la posición de Michu, que jugó de improvisado extremo izquierdo. La apuesta era arriesgada, pero en los primeros minutos dio la impresión de que podía funcionar. El Celta combinaba, jugaba por las bandas y el Salamanca asumía el papel de espectador. Por desgracia, todos estos cambios no lograban subsanar el principal problema: la falta de remate. El celeste es un equipo espléndido a 20 metros de la portería, pero se torna leve e intrascendente cuando la distancia con el marco se acorta. En la primera mitad, fueron incontables los acercamientos de los de Eusebio Sacristán al área sa
lmantina y casi nulas las ocasiones de las que dispusieron. El Celta vivía escorado hacia la derecha, la banda de Dani Abalo, ya que en la izquierda un Michu más voluntarioso que eficaz no podía huir de su instinto de centrocampista y se iba constantemente al centro. La ausencia de Trashorras le daba a Iago Aspas plenos poderes. Era el capitán general. Su genialidad, no obstante, surgía a cuentagotas y nunca era rematada por sus compañeros. Mientras el Celta trataba de trascender más allá de su propia esencia, la de equipo brillante y sin pegada, el Salamanca dormitaba. Agazapado atrás, apenas buscaba la portería contraria. De hecho, un gol bien anulado a Linares es lo único reseñable en su expediente atacante de la primera mitad. Se llegó al descanso como casi siempre se llega en Balaídos, con la impresión en la grada de que el Celta iba ganando a los puntos, acompañada de los lamentos por la falta de gol. Poco cambió el partido en la segunda mitad. El Celta trataba de hacer su juego, el que le gusta a Eusebio y a sus jugadores y agrada a la afición, aunque estos intentos contaban con la falta de contundencia como compañera de viaje. El Salamanca, por su parte, seguía esperando. No sabemos muy bien el qué, pero esperaba. Los charros, aun así, pudieron llevarse el partido, ya que a los cuatro minutos de la reanudación Kike dispuso de un mano a mano con Falcón. El portero celeste tapó bien su portería y el delantero rival envió el balón fuera. Estos fueron los minutos más interesantes de un encuentro, ya que instantes después Joselu dio la réplica. El de Silleda recibió un pase de López Garai dentro del área. Controló bien, se dio la vuelta y lanzó un disparo cruzado que se topó con el poste. Por cuarto partido consecutivo, la madera se convirtió en enemiga del joven delantero celeste. Una pena. Eusebio al fin se dio cuenta de que necesitaba más mordiente arriba y dio entrada a Papadopoulos. El griego, en su debut con la casaca céltica, saltó al campo entre los vítores de la afición. Balaídos necesita un ídolo y el heleno era ayer el candidato idóneo. Con Papadopoulos en el campo, comenzó el baile de posiciones arriba. Primero se situó en la izquierda, luego pasó por la derecha y terminó en el centro del ataque. Todo un dechado de versatilidad. Mientras el griego trataba de encontrar su sitio en el terreno de juego, el Celta dispuso de su segunda y última clara ocasión de gol. Iago Aspas, emulando a Trashorras, sacó la escuadra y el cartabón para inventarse un gran pase a Dani Abalo. El voluntarioso extremo arousano se plantó ante Biel Ribas, pero en el momento en el que iba a chutar, un defensor rebañó el balón y lo envió a córner. Con lo que le cuesta a este equipo generar oportunidades, que hubiera fallado las dos más clamorosas de las que dispuso era muy mala señal. El empate entre Celta y Salamanca no sólo se vio reflejado en el marcador, sino también en ocasiones. La réplica a la de Abalo no tardó en llegar y en el 69 Falcón, gracias a una buena estirada, despejó un testarazo de Linares. Los veinte últimos minutos ofrecieron muy poco al espectador. Ambos equipos se conformaban ya con un empate que dejó descontenta a la afición y que mantiene al Celta sumido en la mediocridad. A los celestes se le atraganta Balaídos y la falta de gol comienza a ser desquiciante. A Eusebio le queda una dura tarea por delante.